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| Mi hermoso negro | ||
| Soy un jugador profesional de fútbol de 19 años de edad, de muy buen porte,
pelo largo y rubio que lo cuido vanidosamente. Tuve mi primera experiencia
con un hombre hace un mes y por ello quiero hacer conocer la narración de
lo que ha sido el hecho crucial en mi vida. Después de una larga práctica deportiva todos fuimos a las duchas. Me demoré más que el resto por el placer de sentir el agua sobre mi cuerpo desnudo. Estuve solo cuando llegó un compañero muy amistoso, un muchacho negro alto, fornido y bastante hermoso a quien había admirado desde el día en que lo ví por vez primera. Se quitó la toalla que era su único vestido y, desnudo, entró a la ducha vecina. Noté con satisfacción que me miraba de rato en rato. Yo también, sin saber por qué, comencé a mirarle. Sonreímos y ví que su verga se había elevado y tenía un imponente aspecto, gruesa y larga, suave y sin circuncidar; por debajo de ella un hermoso y gran saco con sus testículos poderosos. Sin poder controlarme sentí una rápida y gran erección que antes que incomodarme hizo latir fuertemente mi corazón porque mi compañero al ver mi verga, también erecta, me hizo un hermoso guiño de ojo y sonrió deliciosamente. Alentado quizá por mi evidente exitación, se acercó un poco y acarició mi órgano ocasionándome un profundo placer y deleite como nunca antes había sentido. Se arrodilló suavemente y metió mi verga en su boca de labios gruesos y, mientras la introducía profundamente, sentí el calor y humadad de esa bella cavidad. Agarré sus rizados y negrísimos cabellos y acerqué fuertemente su cabeza hacia mi pubis. Él, agradablemente, abrazó mis nalgas y acarició el culo introduciendo en él, delicada pero profundamente, un dedo. ¡Qué maravillosa sensación al saberme penetrado por tan bella persona! Yo estaba a mil con esta sucesión de cosas que eran tan nuevas porque antes sólo había tenido relaciones con chicas, y no acababa de entender por qué tenía tanta satisfacción con mi compañero. Pero lejos de avergonzarme, acaricié su bello rostro, su ancha espalda y le alenté a continuar mamando mientras sentía una necesidad de eyacular tan grandecomo nunca antes en la vida. Movía mis caderas en un verdadero éxtasis, mientras él acariciaba ahora mis huevos y bajaba su lengua hacia ellos. |
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| El
agua de la ducha caía sobre nosotros, caliente, fuerte y estimulante. Yo
respiraba afanosamente, allí parado mientras mi hermoso negro, arrodillado
ante mi, mamaba como los dioses. Tenía agarrada su cara para que la verga
penetrara más profundamente y sentí llegar hasta su garganta. Él, antes
que incomarse por ello, mamaba con más fuerza y ya, sin poder soportar más,
en medio de gritos que eran más de dolor que de placer, descargué un chorro
de semen ardiente en las profundidades de su garganta mientras, espasmódicamente,
apretaba su cabeza contra mi cuerpo agitado por violentos movimientos de
un placer tan grande como nunca antes lo había sentido. Estoy seguro que
por primera vez en la vida tuve el verdadero placer sexual. Me dí cuenta
de que lo sentido antes con mujeres era un pálido remedo del verdadero éxtasis
que acababa de tener y del cual no me podía recuperar porque mi verga, todavía
dura, seguía palpitando en la húmeda boca de este muchacho de ébano que
continuaba acariciándola delicadamente con su lengua de fuego. Después de un momento se levantó, me abrazó fuertemente y besó haciendo pasar de boca a boca una buena cantidad del semen que aún lo tenía allí. ¡Qué sabor tan delicioso y qué sensación tan imponderable tomar mi propia leche venida por una boca tan querida! Apretamos los cuerpos e instintivamente agarré con mi mano la verga enorme y negra, cubierta por una piel suave y aterciopelada, y comencé a masturbarle con verdadero delite de ambos. Mientras se acercaba el éxtasis besaba con más fuerza mis labios y respiraba anhelante contra mi rostro, hasta que llegó el momento supremo en que sin poderse controlar mordió mi labio haciéndolo sangrar. Por mi mano corrió una enorme cantidad de leche ardiente y espesa y su cuerpo se movía violentamente al ritmo de los espasmos de su gran verga… Cuando nos sentimos satisfechos y agotados de placer, acabamos de bañarnos y nos retiramos cada quien por su lado. Pero desde ese día nos buscamos como locos para hacernos el amor donde sea. No podemos vivir el uno sin el otro y siento la plenitud del amor y del placer. ¡Amo tanto a mi hermoso negro que tengo que comunicar al mundo entero mi grandiosa felicidad! Jose Manuel |
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