Mi primer trio
Todo comenzó en el 94 cuando tenía 17 años y viajaba con mi club de gira por Sudáfrica. Al ser un grupo de chicos y la primera gira que hacíamos al exterior estabamos descontrolados. En una de las ciudades que visitamos, tuvimos la oportunidad de hospedarnos cerca de un hostal de señoritas. La mayoría eran sudafricanas, pero había algunas extranjeras.

Como hicimos dos entrenamientos en sus instalaciones nos llegó la invitación a una fiesta que realizaban las alumnas. Ni lerdos ni perezosos, nuestros técnicos aceptaron la invitación por la cual les estoy eternamente agradecido.

Nos presentamos todos con los trajes que nos habían dado para la gira. Camisa y corbata y perfumados hasta el culo. Las chicas estaban a full. Todas producidas para la ocasión e infartantes. Polleras, tops, vestidos enterizos y con ganas de pasar una buena noche.Como era el lugar en donde vivían no había problema en terminar en la habitación de alguna. La orden de los entrenadores era que teníamos que estar en nuestro hotel al mediodía.

Como soy alto y grandote (Mido 1.85 y peso 115kg), ya en ese momento era uno de los más grandes entre mis compañeros y no parecía que tenía la edad que marcaba mi documento. Resulta que en un momento en que voy al baño a tomar un respiro, se me acerca una morocha hermosa por donde se la mirase. Alrededor de 1.78 (con tacos) y una figura que no desperdiciaba nada, unos 94-63-92 a vista de un flaco que en ese momento estaba medio tomado. Minifalda roja y una remera negra que permitía ver el volumen de sus pechos sin corpiño. No permitió que entrara al baño y nos fuimos a bailar. Yo de inglés sólo sabía pronunciar "si y no" pero entendía cuando me hablaban.

Comprendí que era francesa y que estaba estudiando allí; que tenía 24 años y que le gustaba el rugby porque un novio o un amigo lo practicaba en Francia. No pusimos a bailar muy pegados, muy sacados, recorriendo cada parte de nuestros cuerpos con nuestras manos, hasta que se da vuelta quedando cara a
cara, agarró mi corbata y tirando de ella me estampó un terrible beso. De allí pasó alrededor de media hora en que no daba más y me estaba volviendo loco. Ella comprendió como estaba y tomándome de una mano me llevó a su habitación.

La coloqué mirando a la pared con las piernas separadas, preparándola para mi venganza. Le agarré los pechos por encima de su remera mientras mi boca jugaba con su cuello. Ella estaba dada vuelta. Varias veces quiso zafarse pero la volví a colocar en su lugar. Mientras seguía con la lengua, una de mis manos bajo hasta encontrarse con una concha que estaba como nunca. Le corrí un poco la tanga con un dedo y comencé a pajearla. Gemía a morir y yo estaba recaliente.

Continué por varios minutos hasta que la dejé que se diera vuelta. Me rompió la boca con los besos que me daba. Estaba desencajada. Me saco la camisa y la corbata a los apurones y comenzó a chuparme las tetillas mientras sus manos sacaban mi cinturón y manoseaban mi bulto que ya estaba por explotar.
Cuando quitó el cinturón bajo con su cabeza hasta mi entrepierna y cuando yo pensaba que venía lo mejor, me hizo desearla a ella. Me sentó en una silla y me puso las manos atrás. Se levantó la mini y se sentó sobre mi pija que todavía se encontraba con el calzoncillo. Se movía de un lado al otro con sus brazos abrazados a mi cuello y sus pechos al aire, que de vez en cuando me permitía que se los sobara.

Mi cara estaría desfigurada, porque me miró, se río, me dio un beso con su lengua lamiendo mi boca y bajó sin pausa hasta mi pija. La agarró con las dos manos y comenzó a chuparla desenfrenada. La recorría con la lengua, la chupaba, la tragaba y yo agradecido. Tanto manoseo llevó a que tuviera que descargar todo lo contenido. Pero yo quería sentir su concha. Jamás llegué.

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De pronto toda mi leche se descargó en toda la boca de esa hermosa francesa que la limpió hasta que no quedaron rastros de esa terrible acabada. Tenía la obligación de devolverle el favor. Ella se paró y me miraba sonriendo. Se quitó la mini y la remera y quedó solo con la tanga que llevaba. Me paré y luego de un beso la llevé a la cama. Recorrí nuevamente su cuerpo hasta llegar a su concha toda mojada y con la tanga pidiendo que la quitaran del medio. Comenzó mi lengua recorriéndola por todo el derredor de su concha mientras mis dedos jugaban lentamente con su clítoris.

Ella comenzaba a moverse y a gemir. Mis dedos iban tomando mas rapidez y mi lengua ya disfrutaba de sus jugos. Cuando sintió que estaba por acabar me agarró de la cabeza como queriendo metérsela en la concha. Allí nomás me levanté dejándola con una calentura de novela. Me agarré la pija, me acerqué a ella como para penetrarla pero frotaba la punta de mi miembro con su concha. Se moría de la calentura y en el momento menos indicado se la mandé a guardar sin previo aviso. Gimió y la empecé a cabalgar. Estabamos a full.

La di vuelta, la puse en posición de perrito mientras le agarra las tetas y así llegamos a nuestros respectivos orgasmos. Todo esto ocurrió en menos de una hora. Nos acostamos un rato acariciándonos, cuando me levantó y me llevó al baño a ducharnos. Era la primera vez que me bañaba con una mujer.
Volvimos a la cama y comenzamos los juegos de nuevo. En un momento en que estaba acostado con ella chupándomela se abrió la puerta de la habitación e ingreso una pelirroja muy linda que tendría unos 17-18 años. Pelo largo, jeans y zapatillas y una remera blanca que no podía disimular los pezones erectos. La francesa se levantó y tomando a la pelirroja del cuello le estampó un beso de aquellos.

17 años, en el exterior y disfrutando de dos mujeres para mí por primera vez. La francesa trajo a su amiga (luego me enteré que era sudafricana, su compañera de cuarto y la persona con las que se quitaban las calenturas mutuamente), y comenzó a desnudarla delante de mí. Mi pija estaba como un garrote y ella ofreciéndome una imagen de dos mujeres muy calientes. Comenzaron a besarse y recorrerse por todo su cuerpo como olvidándose de mí que seguía acostado en la cama.

La pelirroja lo entendió y se agachó a chupármela, dejándole el culo servido a la francesa que no se hizo desear y tomándola de la cadera metió su cabeza para gozarle el sexo a su amiga.La pelirroja se levantó y se la puso en la concha y me empezó a cabalgar. La francesa le agarraba los pechos desde atrás y se transaban como podían. Yo ya no aguantaba mas cuando la francesa se sentó en mi cara. Comencé a
saborear su concha con mi lengua mientras le metía un dedo en su concha y uno en su culo y mientras ellas se besaban y los tres gemíamos a morir. No aguanté más y acabé dentro de la pelirroja y la morocha hacía lo mismo en mi boca. Nos levantamos y fuimos al baño a bañarnos los tres juntos.

Cuando volvimos a la habitación ellas comenzaron a darme un espectáculo fenomenal. Yo sentado en el suelo contra la pared mientras ellas se chupaban, se manoseaban, se volvían locas. Nunca lo había visto y lo disfrutaba a morir. Cuando mi pija volvía a pararse, me levanté y me arrimé al culo de la francesa que en posición de perrito le chupaba la concha a la otra. La lengüetee y ayudado con sus jugos le metí un dedo en el orto. Ella pegó un pequeño grito, pero cuando se empezó a aflojar pude meter otro más. La chupaba y la penetraba con los dedos y ella hacía lo mismo con su amiga. Se la metí por detrás y empecé a cogerla mientras le metía otro dedo en el culo. Cuando sentí mi pija bien lubricada, se la saqué de la concha y sin pedir permiso la penetré por el culo. Ella se aferró a la amiga y esta llegó como por sexta vez.

Yo me la culeaba a la morocha y me transaba a la sudafricana. Esta se agachó y se metió haciendo un 69 con su amiga y chupando de vez en cuando mi pija y mis bolas. Me manoseaba el culo empujando contra su amiga, hasta que en un momento me metió un dedo en la cola. Por un momento pensé en lo que estaba haciendo pero la dejé hacer. La noche terminó con mi cuarto polvo en el culo de la francesa y la pelirroja limpiándomela con su boca.

Esa noche fue inolvidable, terminamos transando los tres juntos. Fue muy especial: la primera vez con una extranjera, con dos mujeres, con cuatro polvos en una noche y bañándome con dos mujeres juntas.
De regreso en Buenos Aires tuve un par de aventuras mas que les contaré en cuanto pueda. Todavía no pude repetir un trío con dos mujeres, algo que me encantaría, por eso me gustaría que escribieran mujeres fogosas que les encante el sexo como a mí.

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