Tapujos

Esta es la historia de como un matrimonio normal perdió sus tapujos por el sexo de la forma más inesperada. Esto pasó hace dos años. Mi esposa tenía entonces 29 y yo 31 cuando nos invitaron a una fiesta en un chalet de la playa, una noche de verano. Había mucha gente, la mayoría mas joven que nosotros, y no conocíamos a casi nadie. Así empezamos a tomar unas copas y a divertirnos entre nosotros. En broma nos hicimos la apuesta de a ver quien estaba más joven para ligar. Ganaría el primero que consiguiera pareja para bailar. Yo empecé a conversar con señoritas y una de ellas quiso bailar conmigo. Cuando mi esposa me vió bailando empezó a sonreír y me señaló un chico de unos 25 años que estaba besándola. Para darle celos, le expliqué a la señorita de que se trataba el juego, y le pedí que pusiera su cabeza encima de mi hombro. Pasados unos minutos vi como el chico que estaba con mi esposa tenía su mano derecha en el pecho, mientras que su izquierda la tenía en el trasero. Me cabreé e intenté vengarme manoseándole el trasero a la señorita, pero esta se enfadó y se fué. Me dirigí a mi esposa y me contestó que yo había empezado, y que si a ella no le importaba a mi tampoco. Fuí por unas copas y al volver no la encontré. Empecé a buscarla y le pregunté a un chico amigo del chico que estaba con ella, contestándome que había subido a las habitaciones y que él me ayudaría a buscarla. Subimos y los encontramos en una habitación. Estaban los dos desnudos. El chico le estaba comiendo las tetas y ni se inmutó ante mi presencia. Al principio intenté liarme a puñetazos, pero el otro chico que me acompañaba me dijo que dejara hacer, que era normal. Me di cuenta como la situación me ponía caliente.

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El chico le comía la vagina mientras ella le agarraba el pene, que debía medir al menos 23 cm. Observé como el otro chico que me acompañaba se sacaba también su pene y empezaba a meneársela acercándose y sentándose. En un momento dado, cogió a mi esposa por la cintura y se la sentó encima, metiéndole toda el pene de un tirón y haciéndola gemir. Mientras tanto, el otro se la ponía en la boca. Al principio gritaba de dolor, pero después gimió de placer. Un chico me invitó a la juerga y no tardé en desnudarme y empezar a comerle las tetas a mi esposa. Uno de los chicos paró la fiesta y me dijo que me tumbara boca arriba para que se la metiera a mi esposa. Cuando ella estaba encima mío, empezó a metérsela por el ano, cosa que no le agradó, intentando quitarse. Pero entre los dos chicos la sujetaron. Al principio gritaba de dolor pero después los gritos fueron cambiados por gemidos. No me había corrido cuando cambiamos de postura, poniéndose uno debajo y el otro dándole por el ano. Después, los dos chicos se quitaron. Uno de ellos me agarró mi pene, mientras el otro se la agarraba a él, a la vez que follaba a mi esposa. Fue un lío de manos en el que cada uno agarraba lo que podía. Decidimos corrernos los tres en su boca, y casi conseguimos ahogarla. Después, mientras uno la ataba a la cama boca abajo, el otro sacó un vibrador que tenía en su americana y se lo colocó encendido en la vagina. En ese momento me indicaron que le metiera el pene por el ano. Acto seguido uno de ellos se colocó encima mío, perforándome con dolor mi virgen culo. El otro se colocó encima del que tenía yo encima para penétralo al mismo tiempo. El único que accionaba el vaivén era el de arriba... Todo terminó en una corrida bestial. Después de esto, todos los fines de semana buscamos a chicos para follar. Lo pasamos en grande. Ciao. ]

Alex Bergonzini.

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