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LA NOTICIA I
Tras las revueltas de hermanos propios y de otras órdenes que pedían
la abolición de las rígidas normas conventuales que nos
alejaban cada día más de nuestros propios convecinos, que
a su vez se revelaban contra la
opulencia de las órdenes religiosas.
Nuestro vetusto y pobre monasterio de San Benito , comenzó a sufrir
los síntomas de una inminente rebelión no tanto porque nuestros
aparceros nos reclamasen mejoras, que ya tenían y gozaban a diferencia
de otros monasterios, sino por las noticias que llegaban de otros cenobios
aledaños, lo que hizo que el Abad Pérez del Castillo me
llamara a capítulo lo más urgente posible.
Entré en aquél austero recinto que eran las dependencias
del Padre Abad, con el alma un tanto encogida por lo que pudiera suceder
de tan imprevista reunión, fuera del capítulo general de
hermanos.
Estimado Abelardo,- decía el inmenso y Venerable Padre-, llevas
años entre nosotros y he venido observando tus movimientos en estos
últimos meses y veo que estás inquieto, y que como los perros
en celo , alzas la cabeza en
pos de rastrear en el fresco aire que en estos días sopla hipotéticos
aromas que en nada te convienen...,- no quiero entrar en tus recuerdos
ni añoranzas, pero veo que estás como halcón enjaulado,
y por ello daré una oportunidad de conocer ese mundo que añoras.
En medio de este discurso con la mesa albacial por medio , con un grueso
tapete que tapaba hasta las patas, vi asomar unos pies adolescentes y
desnudos, que si no me equivoco pertenecían a la joven Beatriz
que debía
estar ordeñando con su suave boca mientras el vetusto abad, continuaba
con su angelical rostro incólume con sus reconvenciones y mensajes.
Tengo necesidad por otra parte de librarte, por el cariño fraternal
que te tengo de ciertos males que te acechan en este monasterio por tu
juventud y donaire, y como además necesito tener noticias de los
Hermanos del Norte,
de forma fiable, de cara a un posible asentamiento del monasterio, te
enviaré con una misiva personal y en forma disimulada de peregrino
te llegarás al Monasterio de San Pelayo donde entregarás
al Abad German en persona mi carta.
Reflexiona pues sobre dicho encargo, y prepara cuanto te sea necesario
para el largo viaje de casi dos meses que tienes por delante. Como sabes
en el monasterio somos pobres y por tanto tan solo te podremos proveer
del
pequeño Celedonio , algunas viandas y unos cuantos cuartos para
el camino, procura pues hospedarte en conventos y monasterios de hermanos
y con gente sencilla que a buen seguro te acogerán con agrado .
Espero que vuelvas con buenas nuevas allá por cuaresma.
El rubicundo y amable Padre Abad parecía estar leyendo mis pensamientos,
pues era cierto que en los últimos tiempos me hallaba inquieto
y los ardores de la carne, me asaltaban de continúo y parecía
oler en los frescos
aires , el agradable olor de hembra en celo; aunque era fácil para
él ver en ojo ajeno la paja y no mirar el suyo propio.
Cierto es que no debería andar con esos dengues pues al fin y al
cabo era un monje de sanbenito, pero mis treinta años , me pedían
salir de aquella cerrada atmósfera , donde era cierto, que se cernían
sobre mí ciertos
peligros que estaban dominando casi al completo del venerable claustro
de hermanos y más a tenor de lo visto e intuido en las habitaciones
del Padre Abad .
En más de una ocasión, el Prior y el hermano Hospitalario,
sabiendo de mi necesidad de perderme fuera del cerrado recinto monacal
me habían reconvenido a la vez que me sobaban disimuladamente y
me proponían un fino chantaje de acceder a sus pretensiones a cambio
de permitir mis escarceos fuera del monasterio, no es que yo no estuviera
en ese lado del "negocio" que a buen seguro lo sabían
ellos, pero para esos viajes no quería tales
compañeros.
Me encaminé al Claustro, en busca de Fray Isidro de Tremon, al
que encontré sentado al tibio sol de febrero, le comuniqué
las nuevas noticias y mi viaje ; no se alegró mucho pues mi partida
le dejaba sin una de sus aficiones y apoyo para seguir en aquél
monasterio.
Ten en cuenta todo lo que te he enseñado, y no te descuides, utiliza
pues tu condición de monje y la confesión con buen arte,
y verás como el viaje te será un reconfortante viaje de
iniciación y aprendizaje; como partirás a
buen seguro a maitines, nos veremos tras la hora de vísperas en
el herbolario para nuestra particular despedida, mandaré recado
a Teresa para que nos acompañe.
Me despedí del hermano Isidro, y fui a preparar mis pocas cosas
para la inminente partida a maitines, además debía preparar
la jornada que me aguardaba aquella noche, pues el H. Isidro era un viejo
monje libertino, recluido ya en el monasterio, pues sus años y
achaques apenas si le dejaban caminar apenas unos pasos, pero no por ello
dejaba de tener en apartados rincones del monasterio sus refocilos con
cualquier hembra o mancebo que se
le pusiera a mano, aunque apenas ya si su príapo se levantaba,
ni su vista alcanzaba a distinguir muy bien quien estaba en su presencia,
aunque no se podía decir lo mismo de su olfato o tacto.
Fue Fray Isidro quien me inicio en los asuntos y maneras de la jodienda,
y por lo cual yo solía ayudarle y asistirle en dichas tareas ,además
de hacerle partícipe en la manera que el lo requería. Supuse
que si avisaba a Teresa para mi despedida, era señal de que maitines
nos cogería en plena orgía, aunque esto no era tan preocupante,
pues había ya tal relajo que a los rezos conventuales solo aparecían
aquellos mojes más rectos, los menos, o aquellos que no habían
podido encontrar pareja aquella noche.
Una vez preparadas mis pocas pertenencias y dar ración doble a
Celedonio, me encaminé a las dependencias del hermano Isidro, una
casita situada en el extremo oriental del huerto junto al gran murallón
y la denominada "puerta falsa" que daba a los grandes campos
que nuestros aparceros labraban.
Di la contraseña, tras los rituales golpes de rigor, y me encamine
al cuarto trasero donde ya estaban en un catafalco Fray Isidro y Teresa,
lamiéndose el uno al otro los zumos del "benedictine"
que se habían rociado allí donde a cada uno le gustaba que
la lengua del otro llegara.
Toma asiento Hermano Abelardo, que pronto te dejaré sitio, pero
antes aprende algo más antes de tu partida y, mira como un hombre
al cual la naturaleza ya no le ayuda , hace feliz a una manceba, le vertió
una gotas
de una macilento líquido desde el ombligo y que arrollaba porr
el coño de aquella frívola y casquivana manceba , que gozaba
con ponerle los cuernos a su marido y participar en jodiendas con más
de un hombre mujerl "... , mira
como empieza a abrasarle ese gran fuego que pide la frescura de mi saliva
para calmar su ardiente sed."
Y de aquella manera Teresa que además gustaba de ser mirada mientras
jodía, se dejaba hacer por el viejo fraile, que tenía una
larga y hábil lengua que suplía con creces su disminuida
polla arrugada por los años y los trabajos.
Teresa tenía un especial esplendor esa noche, sus carnes prietas
y modales un tanto hombrunos, se veían hoy más suavizados,
más golosos si cabría y se dejaba hacer por el libertino
monje, que tan pronto le daba la vuelta para introducirle la lengua en
el ojo del culo, como le metía casi todo el puño en aquél
acrobático coño del cual ya manaban elixires y densos líquidos
vaginales que Isidro no desperdiciaba; todo esto sucedía con Teresa
medio
vestida, que era lo que gustaba, tal vez porque así lo había
hecho siempre y no le gustaba que la vieran desnuda.
Su pasión era estar haciendo las labores de lavandera o fregando
los utensilios de la comida y que jugaran con ella y la jodieran al estilo
perro , o de la forma más imaginativa posible sin que ella tuviera
que abandonar sus ficticias tareas; con el hermano Isidro ya no podía
traerse tanto revuelo y trifulca, por lo que optaba por hacerse la dormida
o por hacer que cosía unos calzones y se dejaba hacer.
Cuando yo llegaba, sus ojos a pesar de mi impericia, se avivaban pues
mi constitución le permitían los juegos y malabarismos que
se inventaba cada mes que nos veíamos a cuya cita era raro que
faltara el Hermano Isidro; Una vez éste juzgó el Hermano
Isidro que Teresa había llegado donde el la podía llevar,
le indicó que rehiciera el camastro y me indicó a mí
que me acercara príapo en ristre.
Fue inclinarse Teresa sobre el camastro, cuando Isidro le levantó
un poco los refajos para enseñarme aquella grupa peluda, donde
era difícil con aquella tenue luz saber donde estaba cada cosa
, aún así me apresuré a
meter allá donde fuera o encontrara mi tiesa panolla un tanto corta
y excesivamente gorda , para mi gusto, pero que a las pocas mujeres que
había catado les había dejado encantadas.
Cuando Teresa sintió aquel vergajo dio un brinco de placer y de
dolor pues el viejo crápula nos tenia cogidos con una mano a mis
por los huevos y a ella por la pelambrera , y de esta guisa nos sobaba
a los dos con la otra
mano y comprobaba si había hueco o estaba toda metida, si le cogía
a ella aún un dedo o podía ya chupar de lo que allí
se cocía. Estos eran los divertimentos de Teresa y del Hermano
Isidro y por los cuales yo formé
parte de sus juegos a indicación de mi hermano y superior.
Apenas nos habíamos ya enzarzado en la jodienda, cuando el libertino
monje nos soltó y empezó a azotarnos con unas disciplinas
de recios nudos en las partes que nos dejaban libres nuestra ropa y hábitos;
Teresa enardecía aún más al monje... " piedad
padre ! Aunque el mancebo esté en contranatura , es inexperto padre,
tener piedad de nosotros ¡ A lo que Isidro se ponía más
enfurecido y arreciaba en los golpes que empezaban a surtir su efecto,
pues ya el príapo de Isidro pedía parte del festín,
Teresa me descabalgó y se abrió con ambas manos aquel negro
coño, para que aquella diminutez de polla , le entrara por completo.
Algo tenía que tener aquella pequeñez, pues la casquivana
manceba, daba ayes y alaridos, que envalentonaban al Hermano Isidro a
dar algún que otro fuerte transporte; cayeron ambos sobre el catafalco
de espaldas dejando
Teresa al descubierto su partes delanteras que yo me apresuré a
taponar. Y así a modo de un pan con otro , estaba Teresa entre
ambos monjes, uno en su delantera y otro por la retaguardia, donde yo
notaba que el hermano Isidro trabajaba a buen ritmo, lo que nos hizo a
los tres corrernos al unísono.
Descansamos de tan ajetreados transportes, y quiso Teresa probar conmigo
antes de la partida, un juego de malabarismo al que pronto asintió
el viejo monje. Se trataba de ensartar a la manceba subida a mi cintura
y enlazada con sus piernas y así de esta manera, joder de pie ,
mientras el lúbrico monje le metía un enorme falo de ébano
que había traído de sus andanzas por tierras moras.
Seguimos sus indicaciones a las cuales Teresa se prestó rauda,
apenas yo me había repuesto cundo sentí la boca del monje
sin dientes preparar mi verga para que cogiese tamaño y así
ayudarle a buscar el agujero del coño; cuando el depravado monje
me puso con el vergajo enhiesto lo condujo hasta la mojada entrada de
la cabalgadora que cuando sintió llegar aquello y en aquella posición
se retorcía y se alzaba sobre mi cuello, para dejarse caer y sentir
como la inundaba, si aquello era el sumun más lo fue cuando la
moza notó como un instrumento frío le entraba por la contrapuerta
.
Padre bendito que me hace...?,¡ Que me muero y este gañan
aún tengo que ordeñarlo padre!, ¿Qué me ha
metido jodido cabrón..., acaso se le ha muerto su pajarito mala
bestia,...? mientras el hermano Isidro sin hacernos caso , bajaba de nuevo
al pilón y nos sorbía los jugos que arrollaban por mis bolas
; el estremecimiento fue general y por poco aplastamos al pobre hermano
ya exhausto de tanto trajín.
EL VIAJE II
Salí del monasterio tras maitines , sin despedida alguna, con el
mensaje del Padre Abad , un par de alforjas que cargaba Celedonio y un
zurrón que llevaba al hombro, camine por caminos y trochas durante
unas cuantas horas
sin hacer descanso, pues por aquellos parajes las revueltas eran continúas
y quería poner tierra por medio.
Tras recorrer unas buenas leguas, sentí necesidad de realizar mis
necesidades y me fui tras unos arbustos, donde colgué mi zurrón
con los mensajes albaciales y algunos presentes del hermano Isidro, apenas
terminé
, aparecieron varios labriegos que me invitaron a sentarme aunque con
aviesas intenciones, apenas me acerqué a Celedonio y saque alguna
viandas se abalanzaron sobre mí , me arrebataron mis viandas y
deshicieron las alforjas en busca de la bolsa pecuniaria, al encontrar
apenas unos marevedíes, comenzaron por darme golpes con palos y
manos, me extendieron cuan grande era en la tierra , y sujetándome
de pies y manos alzaron mi
hábito y clavaron en mi culo su ardientes dardos: finos y largos,
gruesos, venosos; allí se satisficieron conmigo a su gusto y capricho,
no puedo decir que algunas de aquellas vergas no me dejaran buen recuerdo
o me hicieran llegar a donde nunca creí que podría llegar
por dicho sitio... en todo ello como torbellino pensé, hasta que
caí en un denso pozo negro.
Volví de la espesa nebulosa entre delirios y fiebres, estaba en
un caliente jergón de alguna casa, pues lo cálido del lugar
, los olores de comida hacían presagiar que estaba en cristianas
manos. Me hallaba echado de bruces , me palpé como pude y me encontré
vendas y cataplasmas por muchos lugares de mi cuerpo
Recóbrelo de nuevo cuando sentí una tibia mano sobre mi
cabeza e intenté ver de quien se trataba ..., " descanse padre
pues lleva usted casi 6 días delirando y lleno de fiebres y malos
humores, descanse pues le han traído a casa cristiana, está
malherido con feas y renegridas pústulas en su hermosa espalda
y parte nefanda, déjeme llevar por el mareo que me cercaba .
Y así debí seguir unos días más, hasta que
una mañana cuando sentí los pasos de la señora y
su criada me hice el inconsciente, se sentó a mi lado y creyéndome
aún perdido en mis recuerdos y sentí como una mano se
adentraba por ente mis piernas y me cogía el vergajo, tan suave
contacto hizo que mis partes comenzaran a revivir, lo que le arrancó
a aquella bella dama de cortos cabellos y tez blanca a besarme a lo largo
de mi espalda y me darme un cariñoso ósculo que me dejó
tiritando de placer.,.
Por la tarde apareció la bella mujer con su marido un notario de
los nobles de la zona , que pronto me relató como llegué
hasta sus tierras, como me cuidaron donde estaban mis pertenencias. Querido
padre sabemos parte de sus malas experiencias, y aquí le trajeron
mis aparceros, que le encontraron a usted en el bosque panza abajo con
un príapo de madera negra metido en su pudendas partes, y permítame
la expresión, metido hasta los mismísimos cojones y con
un aspecto en sus partes traseras, que cualquiera diría que pasase
por allí un batallón... -
Estimado anfitrión un batallón no sé si fue pero
unos cuantos mozetones y con no muy buenas maneras si que me asieron y
ultrajaron ...-
"Tranquilícese usted padre, pues deseamos que se quede con
nosotros en estas tierras por un tiempo y cuide de la abundante feligresía,
mientras repone fuerzas para su misión que ha de ser importante
a juzgar por los
sellos de sus misivas...", hizo un gesto hacia el zurrón que
colgaba tras una puerta y me tranquilizó.
Y para su información ,está usted en el extremo de mi pequeña
hacienda, en una apartada casa que antes habitó un viejo párroco
que cuidaba de estas aldeas, quédese usted cuanto sea necesario
y cuide de la salud espiritual
de este rebaño, mi mujer Beldane aquí presente y alguna
de nuestras siervas vendrán ha ayudarle y traerle las viandas y
bebedizos que el galeno ha recomendado . Y ahora cuénteme quien
es, de donde viene y cuales son sus planes.
Le conté quien era , de que monasterio provenía y a dónde
me dirigía y poco más pude decirle a aquél afable
anfitrión, que tanto se interesó por mi salud y mi historia.
A los pocos días recobré la postura habitual de una persona,
y comencé a moverme por la pequeña morada con mi viejo hábito
recosido y recompuesto y esperé la llegada de la señora
del lugar, que una vez supo que estaba en pie se aprestó venir
hasta aquellos aposentos.
Vernos de nuevo surgió entre nosotros un hechizo que yo aproveché
para con la excusa de mi debilidad pedirle a Beldane que me ayudara a
llegar hasta el camastro, en sus cercanías fingí desmayarme
y llevar en mi caída a
aquella reprimida mujer que poco a poco se iba abriendo a mis caricias
y arrumacos.
Padre, esto no es propio de un hombre de iglesia y de una mujer que se
debe a su marido, por dios no quiero condenarme, déjeme seguir
mi vida. "Acaso no quiere de nuevo palpar mi herramienta para ver
si crece de igual manera y si está como debiera...; dicho esto
la mujer se lleno de colores y dejó que su pasión se abriera
camino entre tanta deseo reprimido, aproveché la bajada de su guardia
para tocar sus pendulares tetas, ella bajó su mano hasta mis ingles
y apenas cató el estado de mi polla cuando subió sus ropas
para que me alojara cuanto antes en aquella roja fresa entre rubitos pelos.
" hágame suya padre que mi marido ni tiene ni ganas ni tamaño
y hace ya semanas que no cato hombre.
Actué tal y como se me pedía y allí hundí
la alcachofa que aquel estrecho coño que me absorbía y oprimía
de tal forma que apenas si pude sacarla antes de que escupiera un chorro
de semen que se derramó dentro y por los
ralos pelillos púbicos de la mujer, ahora al menos ya olía
y sabía a algo pues era tal su limpieza que cuando me bajé
a su pilón éste no olía sino a suave agua de rosas.
Me bajé a su pilón y me relamí en aquella pringue
de humores femeninos mezclados con los míos, rebocé cara
y manos que subí hasta su boca , el fuerte olor le despertó
una tremenda pasión por libar aquellas exquisiteces
que no hizo falta lavar mis manos.
Repetimos aquellos encuentros, mientras yo me hacía cargo de la
repartida cristiandad que poblaban los territorios del Conde de Peñafranca.
Con el paso de los días me di cuenta que aquella mujer nunca con
su marido había salido de la posición del misionero , por
lo cual me entretuve en adiestrarla y abrirla a nuevos caminos amatorios.
Sus tetas insensibles pronto se abrían y se ponían tersas
a poco que uno las tocase y ya no digamos si dejaba caer desmayadamente
la mano por la entrepierna y rozaba como sin querer aquel pequeño
péndulo del amor, que tan locas las vuelve.
Hacía ya unas semanas que estaba en aquellos territorios cuando
recibí el recado del Notario, para que dijese misa y oyese en confesión
a la cristiandad de aquellas tierras, tras oír en confesión
a unas cuantas mujerucas y labriegos, cuya intención parecía
sacarme de mis casillas , procedí en la sacristía a vestirme
para la misa, cuando llegó Beldane para ayudarme en la labores,
mientas los parroquianos aguardaban ya mi salida,
entre las confesiones y los tocamientos de la zagala, no pude reprimir
mis bajos instintos y doblé a Beldane sobre la mesa de las casullas
y como por equivocación se la introduje entre aquellos grandes
y blanquecinos globos, su pelea por no querer todo aquel aparato en su
ser y a contranatura y ser oída, no fue nada cuando el ariete derrumbó
la estrecha puerta y lo sintió dentro , ahora su pelea era por
querer sentir las emboladas que le
propinaba , hasta el fondo.
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Sus ahogados gritos y
sofoco se trocaban en clavar las uñas y morder mis manos, , no tenía
fín, su orgasmo era infinito pues su imaginación volaba y
la hacía más vulnerable a embestidas y transportes, que recibía
abierta hasta más no poder, mientras sus vecinos y siervos esperaban
pacientemente nuestra salida para el comienzo de la dominical oración.
Antes de acabar tan intenso trabajo me pareció ver por uno de los
ventanucos de la sacristía un fugaz figura conocida, pero no sabría
decir si fué tambien fruto de aquella excitante situación
o una realidad que se iba cerniendo sobre mi...
Había quien parecía tener noticias de nuestros encuentros
carnales y lo venteaba a los cuatro vientos, en una de las confesiones tuve
la ocasión de conocer a la chivata Anasole, una mujer de la cual
nada destacaba, a no ser su desmedida lengua y su bobez y petulancia manifestadas
en sus confesiones y en las confidencias de vecinas,
Supe pues que tenía un marido borrachín y cafre que en nada
la satisfacía sino era a base de vapuleos y ella como padecía
de la enfermedad de la petulancia no quería reconocer su estado y
situación.
Un día reclamaron mi presencia en la casa de Anasole, pedí
a Beldane que me acompañara hasta la apartada casa, donde encontramos
a esta llorando pues tras haber sido apaleada por su marido, éste
la había dejado en pos de mejores tierras y mujeres menos tontas
y petulantes .
La aúpe y la subí hasta su catre donde Beldane solícita
la libró de sus ensangrentadas ropas, ver aquella mujer en ese estado
sollozante e implorando perdón hizo que en nosotros aflorara un sentimiento
de venganza contra aquella deslenguada. Beldane se echó encima de
la veleidosa mujer y medio la amordazo y desnudó; me cogió
el vergajo y se lo enseñó a la presuntuosa chivata a la cual
le tapó las narices obligándola a abrir la boca, por la cual
le metió mi morcilla.
Acaso no querías probar "este dulce", tanto que hablabas
de nosotros y nuestros encuentros, pues chupa y así sabrás
lo que te pierdes. La mujer se retorcía por no querer seguir lamiendo
mi polla, a la cual parecía le iba cogiendo el gusto, esta situación
a Beldane le desató su espíritu sáfico, a pesar de
las mires y remires de la tonta no tardó mucho en rodar por el aposento
dando gusto a mi querida amiga. Padre Abelardo decía Beldane, acaso
se va a quedar ahí como mi estúpido marido, sin ayudar a estas
sedientas mujeres a calmar tan inagotable sed... métasela y déjese
de monsergas;
Lo cierto es que aunque el cuadro que allí contemplaba era lujurioso
e incitaba al desenfreno, este ya había tenido ocasión unas
horas antes con dos mancebas de Beldane y no me quedaban muchas más
ganas de transportes ni de participar en la lujuria de la tonta.
La puerta estaba entreabierta y ví un enorme mástín
que estaba intentando montar a una pequeña perra, la cual no alcanzaba
por quedarle pequeña Enciendióseme la luz de la inspiración,
y mientras las damas se acomodaban de nuevo una encima de la otra, me acerqué
hasta el can y tomándolo por el collar, le saqué de su capuzón
el vergajo hasta casi la inmensa bola final a base de pajearle .
Me arrimé al cuadro y le hice una seña a Beldane para que
dejara a la petulante culo arriba encima de la cama, le dí la vuelta
al "mostrenco" perruno, por atrás como hacen con las perras,
y le endardé el vergajo a Anasole que dio un respingo, y comentó:
Que me hace padre ...? , ¿Como es tan rara la herramienta de un monje...?
Siga no la saque que me llega hasta el propio alma ....
Tonta del culo debía ser para no darse cuenta del cambio, ésta
abría el chocho para que según ella mi tonsurada polla le
entrara mejor; a trompicones pude ensartarle todo aquel "armatoste
" que iba creciendo con su inmensa bola final .
Chillaba la condenada por el tamaño y el denso dardo que la taladraba
y que a poco que siguiera en esa situación el zurriago del mastín
la rasgaría, o al menos la tendría en esa postura unos cuantos
minutos ...
Cansados de la mentecata dejamos a la dama tonta ensartada al perro que
ella creía era mi santa y bendecida polla y salimos silenciosos,
con la risa contenida por ver la cara de tan boba mujer cuando se diera
la vuelta y se viera unida a una animal y creciera en su sesera la posibilidad
de preñez y demás.... " Para completar la venganza pedimos
a los convecinos que fueran cuanto antes a atender a tan considerada mujer,
pues estaba pasando por un mal trago...
" QUIEN LA HACE LA PAGA..." (III)
Me reuní días más tarde con Beldane y una de sus leales
siervas para celebrar nuestra venganza, que ya campeaba por todas las bocas
de la Comarca.
Nos reunimos en la pequeña casita que me habían otorgado mis
anfitriones y allí me dispuse de gozar de nuevo de la anfitriona
y una sierva tan leal como lujuriosa.
Estaba en plena faena de dar placer a las dos mujeres que una encima de
la otra se me ofrecían una con su bello culito en pompa el de Beldane
que ya se había hecho en forma y moldura a mi zanahoria y la otra
encima con unas prominentes ancas entre las que daba gusto hundirle el zurriagazo
en el gran chochazo a la vez que uno se agarraba a aquellas carnes que pedían
a gritos ser cogidas y masuñadas; estaba como digo en plena faena
de mete y saca de una culo a un chocho y chocho al nefando agujero, y ya
prácticamente desvencijados por el placer, cuando se oyó un
portazo entraron de repente con armas en ristre el cornudo marido de Beldane
D. Silo de Canaval acompañado a su vez de otros dos soldados.
Así me pagas la hospitalidad y el asilo que he te dado bellaco, metiéndole
ese negro pollón a mi mujer, caro lo pagareis tanto tú como
ella y su sierva. Al fraile ponerla una soga al cuello y atarla a la viga
pues ha de morir en la ahorcado y ellas ya veremos como pagan su repudiado
pecado.
Mientras todo esto decía se le iba creciendo el bulto tanto a él
como a los soldados, pues al ver aquellas dos señoras allí
desnudas mi polla enhiesta los ojos les hacían chirivitas... Ahora
empezaba a reconocer las fugaces figuras que siempre espiaban mis movimientos
y transportes.
Implorara Beldane: hacernos lo que queráis tanto a nosotras como
a él, pero no lo matéis pues un hombre de iglesia y puede
desatar maldades sobre nosotros, decía Beldane mientras exponía
más su chocho para reblandecer a aquellos rústicos soldados
y al fino de D. Silo , al cual se acercó y le mordisqueba la polla
por encima del jubón .
Aproveché aquél momento para hacer la seña de los "
Compañeros de la Orden de los Caballeros y de las Ninfas Rojas"
lo cual me salvó momentáneamente de la horca pero no así
de los suplicios.
Puesto que eres uno de los "compañeros" te salvarás
de momento de la horca, pero antes has de purgar tus pecados, fraile lujurioso;
me pusieron de rodillas con las manos atadas a la espalda y me apretaron
la soga lo cual me hizo abrir la boca buscando el aire, momento que aprovechó
uno de aquellos rústicos para introducirme una minúscula polla
llena de cicatrices y nauseabunda que no tuve nada más remedio que
chupar y lamer hasta que aquel desgraciado se corrió , para mi asco
y náusea, lo que hizo que el fino notario se bajara el calzón
y con aquella fina y larga punta se dedicó a insertársela
a la sierva de Beldane en aquel majestuoso culo y pasármela a mi
por los hocicos para que oliera los efluvios de la maldad y la pestilencia.
Agacháronme y allí en pleno culo me la insertó el condenado
notario, que se movía a las mil maravillas con aquel largo pirulí
y me hacía gozar mientras me obligaban a chupar a Beldane en su suave
conejo ahora lleno de espermas de los rústicos.
En ello estaba cuando sentí un olor a carne quemada y un terrible
quemazón en mi propia nalga, Así aprenderás que cuando
tengas que bajar el calzón o subirte el habito , a lo que te expones;
el dolor fue intenso pero en vez de menguar mi gordo vergajo este se engrosó
aún más, mientras el notario me marcaba en la otra nalga y
se corría en mis entrañas.
Osea aún no tienes bastante eh socabrón de fraile; decía
fuera de sí D, Silo que refociló por mi cara su untuosa polla
de semen y excrementos, a la vez que metía sus dos manos en los chochos
de mis amantes.
Me puso el gazapo de la sierva a la altura de mi polla y me empujaron dentro
de ella, la verdad es que gozaba de la mujer de forma inaudita pues se movía
endemoniadamente , pues no quería que ni la ensartaran por detrás
ni la marcaran, lo que hacia que mi verga se sintiera aprisionada y retorcida
en su lubricado cubículo, en un momento dado me soltaron de tan dulce
contacto y cogiéndome el vergajo a punto derramar su esencia, me
aplicaron el hierro candente "Un gran ojo dentro de un triángulo"
y allí nos dejaron en medio de nuestros estertores y sufrimientos,
mientras lamíamos las lacerantes quemaduras en busca de calmar el
dolor unos a otros.
Iba encima de mi rucio, cuando medio me desperté perdido en las fiebres
y heridas que me habían seguido infringiendo durante los día
que fui sometido a torturas y martirios por el sádico D. Silo , que
nos hizo.
De nuevo me desperté en una densa oscuridad medio rota por finillos
rayos de sol que se colaban por los barrotes de lo que parecía una
lóbrega estancia con paja por el suelo y una enormes argollas en
el suelo a las que estaba atado por gruesas cadenas; un poco más
allá pude vislumbrar a mi pollino y un enorme perrazo que cuando
me vió moverme gruñía y sacaba sus amenazantes dientes;
nada se oía fuera , no sabía donde estaba, aunque me llegaba
un lejano efluvio a incienso y cera virgen .
Estaba recordando mi monasterio y al padre Isidro, cuando se abrió
la puerta, una gran sombra se acercó a mí, de un manotazo
abrió mis piernas y me cogió el dolorido falo el cual untó
de aceites y cataplasmas. Me ayudó a recostarme y me dió de
comer y de beber; y así permanecí durante varios días.
Una mañana se acercó mi conocida sombra, inmensa y malolienta,
me masajeó el zurriagazo que empezó a dar muestras de reverdecer
de nuevo, lo que satisfizo a mi nueva ama, una enorme madre abadesa , peluda
y un tanto cogolluda , no sabía si todo aquello eran fruto de mis
pesadillas producidas por las fiebres o estaba realmente muerto.
Algunas noches llegaba con una tenue vela y se sentaba allí en la
paja arremangándose el habito y dejando ver unos voluminosos muslos
tapizados de pelos y un triángulo oscuro del que sobresalían
unos hambrientas carnazas rojas , y así mostrándome aquél
espectáculo estaba unas horas muda, a la vez que se masturba y se
refocilaba el inmenso coño con cuanto comía, para que el gran
perrazo le lamiera hasta el mismo cetro.
Cada noche se abría la puerta y me deparaba un nuevo espectáculo;
A veces llegaba y se ponía a masejear a Celedonio el cual empezaba
a sacar su enorme polla , momento que aprovechaba la monja para colocar
un estrecho banco y ponerse encima de éste y frotarse el pollón
a la vez que se introducía poco a poco la punta de tan formidable
nabo; rebuznaba Celedonio por tan inesperado festín y dejaba escapar
chorros de agüilla mientras enseñaba los dientes y el gran danés
sorbía tan abundantes caldos . En otras ocasiones la lobuzna monja
se arrodillaba ante mis piernas y me chupaba con fruidez mi pirula mientras
llamaba al gran dogo éste se echaba tras ella y lenguetaba a la pérfida
madre bajos sus hábitos, el goce de la monja lo sabía yo en
función de las lenguaradas que a mí me proporcionaba; luego
cuando creía que estaba bien lubricada arremangaba el habito y dejada
toda su peluda grupa al aire, llamaba con un silbido al Gran Dogo que se
subía encima y le hincaba el estandarte hasta la propia bola , pues
la reverenda me mordía de placer y se abría las nalgas para
que le entrase bien tan descomunal instrumento, una vez dentro a medida
que le iba creciendo el tumor al canino animal, ésta se dejaba caer
sobre mis piernas y continuaba lamiendo mi secreción.
Tan enseñado tenía al animal que éste no se daba vuelta
como otros , sino que se echaba sobre su dueña, a esperar que aflojara
tan fuerte trabazón que a la monja le ponía bizca de impudicia
y placer , cuando ya el bulto menguaba, la monja atrapaba al can y con el
vergajo aún caliente y un poco más menguado se lo insertaba
contranatura a lo que el perro reanudaba sus violentos trasnportes que hacían
a la freila delirar y arañarme y moderme donde podía y cogía.
Solo de vez en cuando la Sor cogía mi vergajo que era introducido
en alguno de sus agujero, de los que pronto salía pues no debía
reunir las dimensiones adecuadas ni en el tamaño ni el grosor eran
pequeños para las medidas que requerían sus distintos hoyos
Pronto se cansó del juego conmigo, pues para poco la servía,
por lo que optó por ir pasando el denso serrallo que tenía
bajo su mando por entre mis entrepiernas y sus distintos amigos entre los
que se encontraba el Gran Dogo y mi pequeño rucio Celedonio..
Y así amigos llegué casi hasta la extenuación en este
viejo convento donde aún sigo como confesor , ya sin dientes y sin
ganas ni sitio donde ir , y siendo un débil juguete del destino que
paga con creces sus pecados de jodienda.
Datos del autor/a:
Nombre: Abelardo de Leyre
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