Hermanas cómplices
La vida te da sorpresas, y a mi, me ha dado muchas. Unas veces han sido positivas y las menos, negativas.

Os voy a contar una que me pasó hace exactamente un año, es decir en agosto del 97.

Pero antes de empezar diré que físicamente estoy bastante bien, y palabra que no es presunción. Mido 1.82 m., mi pelo es ondulado de color castaño claro, los ojos mas bien verdosos, sobre todo a plena luz. Mi mujer, entre otras cosas dice de mi que soy el hombre más guapo del mundo. Un pequeño dato que no me gustaria obviar, es que tengo una polla grande. Muy grande. Fijaros si es enorme, que no se puede abarcar con la mano. Es decir si la cogieras como el que agarra un bastón, la mano os quedaria medio abierta.

Bueno, sin mas preámbulos y hechas estas necesarias puntualizaciones paso a contaros lo que me ocurrió el año pasado.

Comenzaba la segunda quincena de agosto cuando mi mujer -entonces novia, nos casamos hace 7 meses- y yo, planeamos irnos un fin de semana a un pueblo de la costa donde su familia tiene una casa. Aqui también debo concretar que Raquel, así se llama mi mujer, es muy guapa, es casi tan alta como yo y muy rica, bueno, su familia. Como os decia queriamos pasar un largo fin de semana en la playa:

- "...Saldremos el viernes por la tarde y regresaremos el lunes a primera hora. Pienso estar follando como una loca y parar solo para ir a chapucear en el agua y poder refrescar así mi ardiente coño..." decía una y otra vez.

Yo estaba como loco de contento, ya que ocasiones como esta teniamos pocas y menos disfrutar de unos dias de sol y playa en la casa del pequeño pueblo de pescadores, ya que casi siempre, y más en verano, estaba ocupada por sus padres. Ahora que estaban disfrutando de un crucero por el Mediterráneo era el momento de aprovechar la ocasión. Pero fatalidad... Faltaban dos dias para iniciar nuestro maraton sexual, cuando me dijo:

- "Lo siento cariño pero nuestros planes se han ido al traste por dos motivos: el primero es que tengo que dejar preparados unos informes antes del lunes y por mucha prisa que me de no los podré acabar hasta el sábado, con lo cual nos fastidia el fin de semana. El segundo y quizá el que más jode es que viene mi hermana de Bélgica y me ha dicho que podriamos ir a pasar el fin de setmana a la casa del pueblo". Como comprendereis lo encajé fatal... Raquel prosiguió:

"...pero se me ha ocurrido una idea, mira, Marta llega el mismo viernes por la mañana, así pues, primero vamos a buscarla al aeropuerto y luego me dejais a mi en el buffete, vosotros os marchais hacia el pueblo, de esta forma yo quedo tranquila y me obligo a acelerar al máximo el informe, con el objeto de reunirme lo antes posible con vosotros. Y no te preocupes, follaremos igual, quizá no tanto pero follaremos".

La idea no me pareció mal, entre otras cosas porque Marta me cae bien, aunque un poco mayor que ella se parecen mucho.

¡Ah! se me olvidaba deciros que mi cuñada trabaja desde hace dos años en Bélgica y en la actualidad está separada.

Estábamos ya de camino hacia la costa. Ibamos con el coche de mi novia, un cabriolett regalo de su padre. Marta estaba con la cabeza echada hacia atrás recostada en el apoya-cabezas del asiento. Estaba guapa, guapísima. El aire que producia la velocidad del coche acariciaba su pelo queriendo abrir su blusa. Se formaba un forcejeo entre mi aliado, el viento y su frágil pero firme blusa, que se habria lo suficiente para mostrarme de forma generosa unos hermosísimos pechos. Yo miraba de reojo mientras conducia hasta que... en un descuido provocado por la falta de atención con la carretera, hizo que produjera un brusco movimiento de volante. Marta se giró y me dijo:

-"Carlos, si estuvieras más por la carretera y menos por tu futura cuñada iriamos mas seguros. Si quieres ver algo, paras el coche y me lo dices y depende de cómo me lo pidas y en qué situación me encuentre, te lo enseñaré, o no. Antes de pegarnos una torta, lo que sea".

Aquella respuesta me dejó un poco cortado pero... seguí mirando, era inevitable, porque ahora y no se por qué motivo su falda estaba muy subida, mostraba unos muslos increibles, y si me inclinaba hacia delante le veía sus negras bragas.

Ignoro si era el calor, o la exhuberante cuñada pero lo cierto es que mi polla estaba que rompia. Me hacia daño de la tremenda empinada que desde hacia rato "sufria" . Estaba a punto de estallar. Tuve que incorporarme varias veces en el asiento para dar un poco de respiro a la pobre. En una de estas me crucé con sus ojos, nos miramos unos instantes, ella con su vista me recorrió de arriba a abajo parándose en mi entrepierna, se detuvo allí unos instantes y volvió a levantar la cabeza. Noté un brillo especial en el iris de sus grandes ojos. Me sonrió, quizá buscando en este acto algo de complicidad, giró la cabeza hacia delante, y se quedó reflexiva, ensimismada, mirando la carretera. En su rostro se mantenia una vaga e indefinida expresión. ¿Qué estaria pasando por su mente?

Nos quedamos en silencio. Transcurrida media hora llegamos al pequeño pueblo de la costa.

Nos acomodamos en la casa, ella en su habitación del segundo piso, desde donde se disfrutaba una hermosa vista del pequeño puerto pesquero y de sus barcos fondeados... yo me instalé en el primero, junto a la habitación de mis suegros. No se por qué motivo desde el primer dia que estuve invitado a la casa, me reservaron esta pequeña estancia.

Ayudé a mi cuñada a subir su equipaje. Una vez dentro de la habitación ella abrió los porticones del balcón y separó las cortinas. El sol de media tarde invadió la estancia. Marta se quedó mirando hacia el exterior y yo, su figura. El amable rayo de sol me obsequiaba con una bellísima estampa al contraluz, mostrándome a la perfección el contorno de su cuerpo. Sus proporcionados hombros, las caderas... que hermosa era. Pero, "¿será posible?, juraría que no lleva bragas", -pensé-. En un momento mi mente retrocedió a la imagen del coche, donde hubiera asegurado ver su delicada prenda íntima, pero bien pensado lo que vi fue algo oscuro pero a la vez cautivador, mágico, ¿sería -pensaba ahora- el rizado y sedoso pelo de su pubis?. Cuanto más la miraba más seguro estaba de ello, la muy... no llevaba bragas. Ella seguia inmóvil, parecía adivinar la extraordinaria puesta en escena de la que un servidor estaba disfrutando. Yo empezaba otra vez a experimentar otra estremecedora erección, era como una tortura. No podía aguantar más. Me acerqué a ella por detrás, alargué los brazos para cogerla por la cintura... En este preciso momento sonó el timbre. Giré bruscamente. Ella cegada por el sol no advirtió de mi cercana presencia. Desde el otro extremo de la habitación le dije:

-"Te he dejado las maletas encima de este banco... voy a abrir la puerta".

En la calle no habia nadie, lejos ví correr unos niños. Me dirigí a mi habitación me tumbé sobre la cama y cogí un respiro. Menuda tarde llevaba. Pero seré estúpido... ¿que mosca me habrá picado para obsesionarme de esta manera con mi cuñada?. Pero es que cualquiera en mi situación estaría en mi estado de exitación -me autodisculpaba-. Que tetas... que culo...

Al tiempo que iba recordando, me iba acariciando los testículos, me cogia la enorme polla y con un lento movimiento de arriba-abajo, me imaginaba a Marta sentada delante, sonriendo maliciosamente. Cada vez imprimia mayor rapidez a los movimientos. Empezaba a notar en la médula espinal un leve cosquilleo a la vez que seguia pensando en mi cuñada, ahora con las piernas abiertas mostrándome su coño, acariciándose... ahora poniéndose los dedos dentro... primero uno, después dos, luego tres... seguidamente intentaba con los cinco. Un gusto incontenible inundó mis sentidos. Una explosión de placer recorrió todo mi estremecido cuerpo y un chorro de espeso semen brotó de mi ilustre polla. La corrida, fue épica. Quedé tranquilo, relajado, me adormecí.

Al cabo de aproximadamente dos horas me desperté, eran casi las 10 de la noche. Mi cuñada, al llegar a casa me había comentado que posiblemente no cenaria, tomaría algo de fruta y se iría a dormir pronto, a la mañana siguiente quería levantarse con el alba...

-"De todas formas, si vas a cenar avísame, igual me apunto", me apostilló.

Yo aún seguia tumbado y desnudo encima de la cama, preguntándome que haria: si ir a cenar o simplemente a tomar unas copas al pub del puerto. En este preciso momento se abrió la puerta de mi habitación y casi al mismo tiempo, la luz. Era Marta.

-"Hay perdona creía que no estabas..."

Mientras me hablaba sus ojos estaban clavados en mi polla. Luego dijo:

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-"Hay que ver, cuanta razón tenía mi hermana al decirme que tienes la polla más descomunal que una puede imaginarse, las hay con suerte." No supe qué contestar, como un tonto sólo conseguí balbucear alguna palabra sin sentido. Mi cuñada sin cortarse ni un pelo, se sentó en la cama y prosiguió:

-"Cuando venga mi hermana le diré que me has hecho pasar un viaje de infarto... que has estado a punto de salirte de la carretera en dos ocasiones... y todo por mirarme".

La muy zorra me estaba reprimiendo como a un niño. Llevado por la inesperada situación y casi sin darme cuenta me tapé con la sábana. Ella al observar mi reacción increpó:

-"...¡Cuidado! ¿acaso tienes miedo que te viole?.

Ya estaba bien. Tenia que coger el toro por los cuernos o quedaría como un idiota. Por otra parte una ocasión así no volvería a presentarse.

-"A propósito -le dije- cuando subías por las escaleras -mentí- aprecié, sin darme cuenta, que no llevabas bragas... ¿realmente es así? Marta se puso a reir, estuvo unos instante pensativa y añadió:

-¿Qué quieres ahora, que te cuente mis intimidades?, ¿y si lo hago, tú me contarás las tuyas?

No hice otra cosa que apresurarme a asentir.

- "Bueno pues te lo contaré: Hace unos dos años que mi ex marido me propuso un interesante y atrevido... podríamos llamarle juego. En una ocasión que tomamos el avión para venir a España me dijo: vete al lavabo y quítate las bragas. Le dije que si estaba loco, pero después de mucho insistir le hice caso. Me acuerdo que la sensación que experimenté fue muy agradable. Me producia un enorme morbo el pensar que debajo de la falda no llevaba nada y que cualquier descuido: el viento, una enganchada, sentarme en según que posición, podía dejarme con el coño al aire. Ahora el morbo sigue existiendo pero también se le ha unido excitación, ardor. Desde entonces siempre que subo al avión con dirección a España, me dirijo hacia los aseos y como si de un ceremonial se tratase, me quito las bragas.

-"¿Has tenido alguna experiencia interesante por el hecho de ir sin la prenda? -le pregunté-. Se puso a reir

-...¿Que si he tenido? muchas. Algún dia te contaré alguna. Quedamos un momento en silencio. Nos estábamos mirando fijamente, de una forma cálida, con complicidad. Presentía que en mi mano estaba el desenlace de una aventura que venía persiguiendo sin saberlo, desde que Raquel me presentó a su hermana.

"Por el dios Píriapo que hoy me la follo", -pensé-. Pero tenia que ser cauto, actuar con tranquilidad y saborear cada momento de este acto escénico que estaba a punto de comenzar y que acabaría cuando mi querida polla llenara de semen su adorado coño.

-"¿Vamos a cenar? -le pregunté-.

-"De acuerdo, me ha entrado apetito".

El restaurante estaba medio lleno, o medio vacío, depende como se mire. Nos sentamos en una mesa al lado de la ventana. El sitio era acogedor, invitaba a la charla tranquila, distendida e íntima. A medida que íbamos saboreando los deliciosos platos del variado pescado que el maitre con gran amabilidad nos habia aconsejado, nuestra conversación iba adquiriendo un mayor grado de soltura y casi sin apenas darnos cuenta, estábamos urgando en lo más profundo de nuestras intimidades:

-"A René, mi ex marido le encantaba que me exhibiera, le excitaba verme vestida con ropa muy provocativa. Por aquel entonces acostumbrábamos a celebrar cenas junto a otras parejas amigas y en ellas me pedía que los incitara, que los provocara. Una de sus juegos preferidos consistia en que me situara delante de ellos con las piernas medio abiertas para que de esta forma me vieran las diminutas bragas. Durante la velada me iba colocando la prenda de forma que tan pronto estaban bien puestas, como endidas en la raja del coño. Puedo decirte que durante todo el tiempo, nuestros invitamos -tanto ellas como ellos- estaban mas pendientes de mi coño que de cualquier otro acontecimiento que se producía durante la cena. Recuerdo como si fuera ayer sus miradas, clavadas en mi entrepierna y los susurros a la oreja que de forma inconsciente realizaban las parejas. ¡Los polvos a mi salud que habrán pegado después de nuestras símpáticas cenas!"... "...nosotros en la intimidad, también evocábamos aquellos momentos: te diste cuenta como miraba Pol... y su mujer, por lo menos fue diez veces al baño..." "... tenemos que practicar un agujero en la pared para averiguar qué hacen nuestros invitados cuando asisten a él con tanta insistencia".

Marta estaba lanzada, parecía que disfrutaba contándome estas intimidades.

-"¿Hicisteis el agujero?" -le pregunté-

-"Sí".

-"Cuéntame, ¿qué veiais desde él?".

De repente una voz interrumpió nuestra charla...

-"Hola". Marta levantó la cabeza y mostrando una gran sonrisa contestó:

-"Hombre Ivan cuanto tiempo..."

El tal Ivan era un viejo conocido de mi cuñada, hace unos cinco años fueron medio novios.

-"¿Y Raquel?", preguntó.

-"Seguramente vendrá mañana", -contestó.

-"Estoy con unos amigos... solo he entrado al restaurante a buscar tabaco..." "...oye por qué no os pasais por el nuevo pub después de cenar, os espero"

Esta interrupción me fastidió un montón. Cuando mejor se estaba poniendo la cosa viene este pesado y me jode el plan... qué le vamos hacer.

Marta le contestó que sí, que en cuanto acabáramos de cenar nos pasariamos por el pub.

Después de esta inesperada interrupción, solo hablamos de banalidades, acabamos pronto de cenar. Parecía que mi cuñada tenía prisa por acudir al pub.

En el local había bastante gente. Mientras entrábamos hacia el interior buscando a Ivan, nos cruzamos con algún conocido de Marta, era lógico, hacia muchos años que veraneaba en aquel pueblo. Al fondo de la barra, junto a dos amigos, estaba el amigo de Marta. Cuando nos vio entrar, se giró hacia alguien y le susurró unas palabras al oido. Los dos miraron obsequiándonos con una sonrisa. "Estas sonrisas..." -pensé- "...malo".

Se hicieron las presentaciones, -a los amigo de Ivan, ni Marta ni yo los conociamos-. Empezamos a charlar y noté que quizá de forma "involuntaria" se estaban formando dos corros: los desconocidos y yo, por una parte, y Marta e Ivan por otro. En un par de ocasiones intenté atraer la atención de mi cuñada y fracasé. No me gustaba aquella situación. Cada vez estaban más enfrascados en la conversación, parecía que nada ni nadie podía distraerlos, se les veía muy acaramelados.

Al rato, y aprovechando una conocida melodia que en aquel momento empezaba a sonar, se pusieron a bailar. Ivan cogia a mi cuñada con un brazo rodeándole la cintura y con la otra le palpaba de forma descarada el culo. Esto hacia que se le levantara un poco el corto vestido mostrando la parte inferior de los glúteos. La música era suave y la pareja casi ni se movia, estaban inmersos en un profundo abrazo. Marta, por su parte, movia de una forma lenta y sensual las caderas, con toda seguridad estaría acariciando con su regazo la polla de su amigo provocando un enorme placer que Ivan no se molestaba en esconder. Éste arrinconó a mi cuñada hacia la esquina del local, hasta topar con un taburete fijo, ella no podia retroceder, la penubra de la luz en aquel momento era su aliada. Las demás parejas que bailaban iban a lo suyo, nadie se fijaba en nadie.

Atrapada entre el asiento y el fogoso cuerpo de Ivan, mi cuñada parecía transportada, las piernas medio abiertas y entre ellas, él. Entonces Marta levantó un muslo, y con su pie rodeó la pierna de su amigo -ahora con toda seguridad su polla estaria asentada perfectamente en su regazo-, en esta posición empezó a efectuar un movimiento de atrás hacia delante: lascivo, sensual, voluptuoso. Yo me subia por las paredes y más al pensar que posiblemente iria sin bragas, volvia a estar otra vez ardiendo de pasión, de lujuria... poseido por todos los instintos sexuales que un hombre puede experimentar. Entonces Ivan puso las manos entre los dos apartando ligeramente su culo, ¿qué estaba haciendo?, ¿acaso se bajaba la cremallera del pantalón?. Mi cuñada lo estaba agarrando con las dos manos por la nuca, su mirada ausente, como poseida... "la muy puta" -pensé-... giré la cabeza.

Ante el expectáculo, a los dos extraños les resultaba difícil mantenerme distraido, éste seguramente había sido su objetivo. No podían dejar de observarlos. Yo por otra parte, no sabía qué hacer. Pensé que había llegado la hora de irme. Para entonces me había colocado de espaldas a la pareja cuando me giré para ver por última vez a Marta. A pesar de la suave luz que habia busqué sus ojos y vi que me estaba mirando. Ahora sus ojos no estaban distantes sino todo lo contrario, estaban vivos, pero que muy vivos, abiertos, penetrantes. Y juro que en aquel momento me hablaron: "Venga imbécil, sácame de ahí y vámonos a casa".

Sin saber por qué ni que extraña fuerza me conducía, me dirigí hacia la pareja, y con la serenidad digna del mejor especialista en papeles duros de Hollywood, me paré delante de ellos y dirigiéndome a Ivan le dije:

-"Encantadísimo de haberte vuelto a ver, pero lo siento, se nos ha hecho tarde y ya no podemos quedarnos mas rato, tenemos que madrugar. Gracias por todo". Cogí de la mano a Marta, ella sonrió, me dió un beso en la mejilla y nos marchamos cogidos de la cintura. No pude ver la cara que se le quedó a Ivan.

Andábamos en silencio por el paseo que nos conducía a casa cuando nos paramos. Me la quedé mirando, cogíendola por la cintura, ella apoyó la cabeza en mi pecho, estuvimos unos instantes así, luego se la aparté y nos cruzamos la mirada. Nunca habia experimentado esta sensación: una mezcla de deseo, de pasión y también por qué no de dulzura. ¿Que me estaba pasando con Marta? Ella volvió a apoyar su cabeza en mi pecho.

La tenue luz de las viejas farolas dibujaban nuestra silueta en la acera. En aquel momento empezó a lloviznar. Nos quedamos quietos, sin hablar. Marta levantó la cabeza y sus ojos me volvieron a hablar. También ahora sabia qué debía hacer. Le cogí suavemente la cabeza e inclinándome sobre ella la besé en los labios. Abriendo ligeramente la boca le busqué su lengua, que se fundió con la mia ofreciéndome su jugo, que para mi era nectar y con una pasión que hasta entonces jamás había experimentado, nos quedamos fundidos en un apasionado beso.

No recuerdo si había pasado un minuto o una hora cuando decicimos emprender el camino hacia casa.

Cuando subíamos por las escaleras aún seguíamos cogidos de la cintura. Al llegar a la altura de mi habitación me paré y nos miramos quedándonos inmóviles. Entonces Marta cogió mi mano y se la puso en el coño diciéndome: "Quiero que esta noche sea para ti, solo para ti". Como supuse no llevaba bragas. Empecé acariciándole muy suavemente con la punta de los dedos su rígido clítolis. Ella se apoyó de espaldas contra la pared y abrió sus piernas, los ojos los tenia medio cerrados y dejaba escapar un agudo y leve jadeo. Le temblaban ligeramente las piernas cuando le introduje un par de dedos en su ranura. Ella cogió mi mano y guió a su antojo el movimiento, haciendo entrar y salir mis dedos de su ardiente vagina. Empezó a mordeme el cuello, le pecho, estaba como poseída. Entonces le conducí su mano hacia mi brageta que para entonces estaba a punto de estallar por la rigidez de mi polla. Al tomar contacto con ésta, mi cuñada se estremeció. No pudo contener por más tiempo el impulso y abrió la cremallera liberando de esta forma la para entonces inmensa polla. La expresión de su cara era para hacerle una foto y mandarla al premio Pulitzer. Agarró el pene con las dos manos y me dijo:

-"En mi vida he visto algo parecido, ni reales, ni de ficción, ni en películas, ni dibujadas..."

Avidamente y como si se tratara de un preciado trofeo y sin dejar de acariciarla se puso de rodillas y se la introdujo en la boca. Casi no le cabia. Empezó a realizar un baiben con la cabeza metiendo y sacando. Yo no podia aguantar mas sin metérsela hasta las entrañas. La cogí en volandas y la introduje en mi habitación, la eché sobre la cama abriéndole las piernas. No dejé que reaccionara, quizá porque ella tampoco queria hacerlo. Me coloqué arrodillado delante de ella, con mis dos manos le agarré el culo por debajo y la levanté ligeramente, la punta de mi polla estaba justo a la entrada de su endidura, adelanté mi cintura hasta conseguir el contacto de los dos sexos. Marta estaba totalmente entregada cuando empecé a apretar los riñones hacia delante. Aunque parezca increíble no me resultaba fácil penetrarla, mi polla casi no cabia en su coño. Mi cuñada jadeaba y jadeaba, su frenético estado hizo que cogiéndome por detrás del culo, y clavándome las uñas me atrajo hasta ella, al tiempo que yo también con un movimiento hacia delante conseguia introducirle todo el miembro hasta lo más profundo de su coño. Marta dejó escapar un fuerte grito, mitad placer mitad dolor. A los pocos instantes el acoplamiento era perfecto, ella estaba como loca, se sacaba la polla, se la volvia a meter, la chupaba, cabalgaba como el ginete de un potro desbocado...

-"Que guto, me muero..." Repetia una y otra vez. Su abundante jugo vaginal fluia de su sexo mezclándose con el sudor de nuestros cuerpos. De repente explotó. Una sucesión de ahogados gritos salieron de su garganta acompañados de incontrolables he inacabables espasmos. Casi al mismo tiempo recorrió por todo mi cuerpo una electrizante sensaciòn y en mi mente aparecieron en un instante todas las imágenes vividas aquel dia: en el coche, en el trasluz de su habitación, en el pub, de regreso a casa... y ahora estaba allí, follándomela, con todo el ardor, con todo el deseo, con todo el cariño... Los dos nos corrimos a la vez. Por un momento tocamos el cielo con la mano. Nuestros sexos quedaron ahogados por los flujos del deseo. Abrazados nos quedamos tendidos en silencio el uno al lado del otro, a los pocos minutos nos quedamos dormidos.

Me despertó un beso. Abrí los ojos y delante mio estaba Raquel. Alarmado me incorporé de un salto, miré a mi lado y en aquel momento vi que se despertaba Marta.

Me queria fundir. Dirigí mi aterrada vista hacia mi novia y ella me respondió con una entrañable sonrisa. Asombrado y perplejo me volví a girar ahora hacia mi cuñada, y contrariamente a lo que me esperaba se acercó y me besó en los labios. Quedé unos instantes paralizado, inmóvil, sin poder articular palabra. Novia y cuñada estaban frente a mi sonrientes.

De pronto empecé a comprender... todo habia estado preparado.

Jesus

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