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| Marisa | ||
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Hacía tiempo que vivíamos en aquel edificio y ya me había fijado en la niña de los vecinos del tercero derecha, yo vivía en el segundo izquierda y cuando jugábamos en la calle mi amigo y yo, a menudo ella estaba en el jardín del edificio y la veía. Por aquel entonces Marisa, que así se llamaba, contaba 18 años y yo tenía 22. Estaba pues en la edad de despertar al sexo y Marisa me gustaba mucho pues como todas las jovenes era muy linda. Siempre que podía subía en el ascensor con ella y llegaba a su piso para luego bajar, parando eso sí en todos los pisos. Me propuse traerla a casa algún día que no estuviesen mis padres y jugar con ella algúna fantasía. La ocasión se produjo un sábado, que mis padres se fueron a pasar el fin de semana en la playa y por delante de mí tenía dos días. Estuve acechando desde la ventana para ver si la veía, y después de comer, la ví en el jardín, estaba tan linda como siempre con aquel vestido azul de falda larga y mangas cortas, con una diadema que le recogía su pelo rubio largo y liso, zapatos azul marino con una tira el el tobillo. Bajé y le dije de subir a mi casa a jugar a algo, a lo que ella accedió. En cuanto entró y cerré la puerta pasamos al salón y le dije que yo era un indio que cogía a una bella señorita para atarla y torturarla. Cogí una cuerda y le dije que pusiera sus manos a la espalda y le até las muñecas, con otra cuerda le até los tobillos. Una vez inmovilizada, sin apretar demasiado, la di un beso en la frente y me separé para admirarla. - Marisa ¿me das un beso en mis labios? - Bueno - y deposité un suave beso en sus labios, que ella devolvió. No quería forzarla demasiado pues sabía que si me pasaba, como lo contara iba a tener problemas, por ello decidí ir lentamente. Empezé a acariciar su cara con mis labios, besando su frente, el ojo derecho, el ojo izquierdo, la punta de la nariz, un carrillo, suavemente en la boca, el otro carrillo, el cuello, y mientras le acariciaba el pelo con mis manos. Me agaché y por detrás le besaba los hombros, brazos hasta la cuerda que unía sus preciosas muñecas, ella se dejaba hacer pero notaba que le gustaba. Besé cada dedo hasta la punta, y pasé al frente, besandola a través del vestido sus pechos apenas sin serlos, la barriga. - Que zaparos más bonitos - y la besé y acaricié sus pies atados (noté entonces que me excitaban las mujeres atadas), sus tobillos, metí la cabeza por debajo de su falda pues estaba de pie, para besarla las pantorrillas, los muslos por el exterior y por el interior, hasta llegar a las braguitas. - Marisa, ¿puedo bajarte las braguitas? - Si - y con cuidado las bajé hasta los tobillos. Como sabía que no podía follarla sin meterme en problemas, decidí masturbarla comiendome su coño, me situé de rodillas, recogí su falda hacia arriba que aseguré con un imperdible y con las manos en sus nalgas acerqué mi boca a su coño, con la lengua jugué con él, metiendola y sacándola, excitando su clítoris y jugueteando con él, estuve así un rato hasta que noté que de su boca salían jadeos y su cuerpo se estremecía. - ¿Te ha gustado? - pregunté separándome y con el sabor de su sexo en mi boca. - Si - ¿Lo repetimos? - Venga. |
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De nuevo empezé a besarla por todo el cuerpo. esta vez bajé mis pantalones y mis calzones. - ¿Te gusta? Dale un besito - dije señalando mi verga. Ella me la besó y la restregué por su cuerpo mientras me arrodillaba para volver a comerla su sexo. Esta vez pasé mi verga por entre sus piernas a modo de coño y comenzé a chuparle el sexo mientras movía mi pelvis contra sus piernas. Igualmente que antes se corrió pero esta vez yo me corrí en sus piernas. Por fin me vestí, subí sus braguitas y la desaté, la abrazé. - ¿Te ha gustado? - Si. - Pues si quieres lo repetimos otro día, pero no se lo cuentes a nadie, será nuestro secreto. - Vale. - Dame un beso en la boca. La acompañé a la puerta. - Hasta luego, no te olvides, es un secreto. Aquella fue la primera vez de otras muchas hasta
el día de hoy que tenemos 25 y 20 años y nos queremos. |
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