Gracias al Gimnasio
Llegué a mi casa después de pasar toda la semana fuera.
Trabajo fuera de la ciudad y en muchas oportunidades paso toda
la semana sin venir. Pero el jueves por fin se me dio. Después
de tres meses de salir con Mariana, por fin pude satisfacer mis
deseos. La cosa estuvo grande, pero no es eso lo que les quiero
contar, pero vale la pena decirles que por fin me dio lo que
quería, ustedes se imaginarán qué. Ella tiene dos cosas que me
fascinan: tiene 22 añitos, y está recién casada. La verdad es que
eso me excita mucho.

Bueno, me presento, mi nombre es Alberto, 36 años, y mi
esposa se llama Veri, 32. Tenemos 8 años de casados. He de
decirles que mi esposa fue la primera persona con la que tuve
sexo. Y hasta hace muy poco había sido la única. Confieso que
desde que nos casamos nuestras relaciones no han sido lo que
yo me esperaba. Tenemos muy poca frecuencia, básicamente
porque Veri siempre tiene alguna excusa. Incluso, en nuestro
segundo año, apenas lo hicimos en tres oportunidades. Pero
resulta, que de a poco las cosas han mejorado. Pero a mi
llegada ese día, mi esposa me recibió muy cariñosa, y tuvimos
un sexo fantástico, y mi esposa promovió que hiciera cosas que
hasta ahora no había permitido. En ese momento lo que pensé
es que el gimnasio había despertado en ella algún tipo de
animalidad, y que se estaba desinhibiendo. Vaya, ya era hora.

Desde hace tres meses, Veri empezó a frecuentar un gimnasio
que queda en el mismo edificio donde trabaja. Desde entonces,
sus hermosas nalgas se han puesto como rocas, y sus piernas se
han puesto también muy duras. La verdad, es que las veces que
la he visto salir, poniéndose esa ropa tan ajustada, me pregunto
qué tantos tipos la verán y la desearán. Pero la cosa de que se
le haya despertado esa animalidad me empieza a parecer
sospechosa. Decido que la próxima semana me tomaré una
mañana para espiarla.

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Así, un día aparento que me voy a trabajar, y la espero para
seguirla. Efectivamente se dirigió al gimnasio, y realizó algo de
ejercicios. Yo busqué una ubicación discreta dónde no se
percatara de mi presencia. Me llamó la atención la dedicación de
uno de los entrenadores, un muchacho joven, de
aproximadamente 24 años, muy fornido. Me empezó a disgustar
la forma en que le hablaba al oído, y peor aún, la forma en que
se reían.

Después de media hora, Veri termina de hacer sus ejercicios, y
se dirige al sauna. Después de 10 minutos sale y se dirige a una
de las oficinas. Como la puerta queda entreabierta logro
observar algo de lo que pasa. Adentro está el instructor, y para
mi sorpresa empieza a besar a mi esposa. Que rabia tan grande
me dio, pero me quedé como paralizado. Quería ver hasta
dónde era capaz de llegar. El desgraciado se quita la ropa, y la
muy puta empieza a chupar con un desespero insospechado. La
desgraciada, para que me haga eso tengo que rogarle. Y lo hace
pero un rato. El fornido le comienza a quitar la ropa, y la muy
perra no le suelta el paquete. Ahora es él quien la empieza a
mamar, y la muy guarra le pide más, que quiere que le de duro.
Le levanta las piernas, y se lo introduce de un solo golpe. La
cara de placer de mi mujer es indescriptible, conmigo nunca se
puso así. Después de un tiempo de bombear, el tipo se detiene,
la voltea, y empieza a tocarle su ano. Eso es demasiado, a mí
nunca me lo quiso dar.

Esto ocurrió hace dos semanas. No le he dicho nada a Veri,
porque se que esto la avergonzaría mucho. La verdad es que
pensé que no podría tolerar una cosa como esta, pero el
recuerdo de verla penetrada por ese joven me excita. Hemos
seguido mejorando nuestro sexo, y el domingo pasado se dejó
penetrar por detrás. Me hizo creer que había sido la primera
vez. Esas cosas se las debo a ese gimnasio, y ahora le ofrecí
pagarle las cuotas mensuales.

Yo, la verdad, quiero dejarla creer que me engaña.

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