|
Una hermosa mujer madurita redescubre los placeres del sexo con un hombre
casado.
La historia que les quiero contar, sucedió hace un mes y es absolutamente
real. Soy un hombre de 35 años, profesional universitario y felizmente
casado. Mi mujer, también profesional, por razones de trabajo debió
viajar
fuera de la ciudad por una semana. Debo contarles en este punto que nuestra
vida sexual es normal, a veces nos permitimos alguna innovación,
pero nada
extraordinario. Yo soy fiel a mi mujer, aun cuando mi calentura me ha
puesto varias veces en situación de ponerle los cuernos, pero por
distintas
razones, no lo he hecho. Siguiendo con el relato, al segundo día
de su
ausencia, y recién cuando había llegado del trabajo, tocaron
el timbre de
mi casa y al abrir me encuentro con una mujer más o menos bajita
(1.50
mts), de unos 38 años, rostro precioso y con una bella sonrisa,
vestida con
zapatos de tacón, medias negras y una ajustadita y corta falda
que dejaba
ver unas hermosas piernas. Me dijo que era la recaudadora de un centro
de
beneficencia con el cual coopero, y que venía a cobrar la mensualidad.
La
verdad es que me mostré muy sorprendido, por que quien siempre
venía a mi
casa era una señora de edad que hacía ese trabajo por mucho
tiempo. Ella me
explicó que la señora estaba enferma, y la reemplazaba en
su trabajo.
Contrario a mi proceder habitual, y con intenciones de retenerla un rato
más, la invité a pasar mientras buscaba el dinero, además
que esa noche
hacía un frio horrible. Se mostró un poco contrariada, puesto
que la
esperaba un taxi, y si yo me tardaba tendría que pagar un recargo
al
chofer. Le dije que no se hiciera problemas, porque yo luego tenía
que
salir (mentira, por supuesto) y la iría a dejar a su casa. Aceptó,
despachó
el auto de alquiler y entró a mi casa. Mientras buscaba el dinero,
le
ofrecí un cafe y aceptó. Fui a la cocina, me instalé
a prepararlo y
aproveché de mirar detenidamente a mi invitada. El angulo de visión
que
tenía me permitía observarla descaradamente. Tenía
unas piernas realmente
hermosas, llenitas y torneadas. Su cintura era estrechita y más
arriba se
asomaban un hermoso par de tetas, grandes y paraditas. En ese momento
me
calenté y decidí jugármela para conseguir una buena
follada con mi invitada
ocasional. Le servi el café, acompañado de unas galletitas
y comenzamos a
charlar. Me contó que era viuda desde muy joven, y que había
dedicado su
vida a criar a sus dos hijos, un niño de 10 años y una niña
de 16, y por
eso nunca volvió a casarse o tener pareja. Me imaginé lo
atrasada de polvos
que debía estar la dama y eso produjo que mi verga comenzara a
levantarse
aceleradamente. Paola, que así se llamaba, se levantó del
sofa y me pidió
usar el baño. La llevé hacía allá, mientras
devoraba con la vista su
hermoso culo y la marca que hacían sus braguitas en la falda, amablemente
le indique donde estaba la sala de baño, y me fui de nuevo a la
cocina a
preparar unos tragos para entrar en ambiente. Cuando volvió del
baño, le
propuse beber algo y charlar otro rato, eso si no estaba apurada por
marcharse. Me dijo que no había inconveniente y que la conversación
le
había resultado muy agradable. Me acordé de un viejo brebaje
que preparaba
en mis años mozos y que era muy efectivo para estos fines. Serví
los
tragos, y mientras bebiamos, seguimos conversando en un tono ya mucho
más
relajado. El alcohol ya comenzaba a hacer su efecto, ella tenía
las
mejillas sonrojadas y se reía de cualquier cosa. Le comenté
que me
extrañaba que una mujer tan hermosa como ella no tuviera pareja,
y me dijo
que eso se debió a sus hijos y que ya se le había pasado
el tiempo. Me
contó que ni siquiera amantes ocasionales había tenido y
ahí le pregunté
derechamente como podía vivir tanto tiempo sin sexo. Me dijo, entre
risas,
que eso lo arreglaba de varias formas, que se había transformado
en una
experta en masturbación. A esas alturas de la charla, tenía
mi verga
completamente hinchada, y se me notaba claramente el bulto en el pantalón,
y pregunte ingenuamente que como era eso de pajearse para las mujeres
y me
dijo que habían muchas maneras, me hablo de dedos, consoladores,
vibradores, en fin. Yo ya sentía gotas de liquido en la punta de
mi pene, y
le dije que quería una demostración. Se puso colorada y
un poco seria, y
pensé por un momento que hasta ahí llegaba mi aventura,
pero me dijo que
nunca lo habia hecho frente a alguien, pero que estaba un poco ebria y
se
sentia capaz de todo y me mostraría como lo hacía. Sentada
como estaba,
comenzó a acariciarse las tetas con la mano izquierda, mientras
que con la
otra levantó su falda hasta dejar ver el liguero y el comienzo
de sus
braguitas, negras también. Se abrió la blusa, bajó
el sujetador y sacó sus
tetas afuera para comenzar a lamer sus pezones. Yo, a esas alturas, me
había bajado los pantalones y me sobaba de arriba a abajo mi endurecida
verga, nunca la había visto tan parada y la cabeza se veía
brillante y a
punto de explotar. Eché saliva en mis manos para facilitar acariciarme
el
glande, mientras Paola había echado a un lado sus bragas y se acariciaba
freneticamente el clítoris con una mano, mientras que introducía
sus dedos
en su mojada vagina. Fui hacia ella, me arrodillé y con mi lengua
comencé a
hacer un recorrido desde su clítoris hasta su ano, toda la zona
estaba
empapada en sus jugos, y el placer la mantenía con los ojos cerrados
y
quejándose debilmente. Cuando sentí que ya no podía
contener mi eyaculación
le avisé y me dijo, con voz suavecita que acabara sobre sus tetas.
Así lo
hice y derramé mi leche sobre sus tetitas, y Paola recogió
el semen con sus
manos y siguió frotando su concha, ahora el espectáculo
era grandioso
porque la mezcla de sus jugos, mi saliva y el semen de mi corrida producían
un chapoteo exquisito y corria por sus muslos mientras ella se metía
los
dedos en su vagina. Acabó deliciosamente, entre gemidos y espasmos,
incluso
lloró un poco, yo me asusté pero me dijo que eso le pasaba
cuando tenía
orgasmos muy violentos. Me senté junto a ella y la comencé
a besar.
Conversamos un rato sobre lo excitante de la situación, mientras
nos
seguiamos besando. Yo comencé a calentarme de nuevo, y comencé
a tocarla
por todos lados, le metía dos dedos en la vagina y luego se los
ponía en la
boca para que los chupara, y le pedí que me hablara que le gustaría
que le
hiciera después de tanto tiempo sin una verga a su disposición.
Le propuse
ir a mi dormitorio, la tomé en brazos y la deposité sobre
la cama
matrimonial. Se veía realmente incitante, con el sujetador que
dejaba ver
sus tetas grandes y sus pezones paraditos y duros, y con sus delicadas
braguitas de encaje puestas (eso me calentó a mil) y absolutamente
mojadas
con una mezcla de semen, jugos vaginales y saliva. Me desnudé rapidamente,
mi verga ya respondía y se comenzaba a hinchar poco a poco. Paola
estaba
recostada, con las piernas abiertas, y se pellizcaba suavemente sus
pezones, mientras me decía con su vocecita calentona, suavecita,
que se lo
metiera, que hacía años que no sentía una verga entrando
en su conchita,
que quería sentir una tranca de verdad. Yo me agaché y comencé
a pasar mi
lengua en su coñito, pero sobre sus bragas. El olor que despedía
me excitó
como nunca, seguí dando langüetazos en su concha, luego la
dí vuelta sobre
la cama para que quedara tendida sobre su estómago, hice a un lado
el
calzón y empece a meter mi lengua en su vagina, la metía
y la sacaba, y
Paola se estremecía de gusto, me gritaba despacito que le hundiera
la verga
hasta las entrañas, pero yo quería prolongar el gustito
el máximo de tiempo
posible, así es que en la misma posición pasé mi
lengua en su culito y la
metí en el ano, nunca lo había hecho y mi mujer jamás
me ha permitido
acceso por la puerta trasera. Levanté a Paola para que quedara
de rodillas
y apoyada en sus manos, quité hacia un lado las bragas, acerque
mi pene
erecto a la entrada de su vagina y comence a frotarla suavemente, la zona
estaba mojadísima, no le metía la verga aún, estaba
loco por hacerlo pero
quería prolongar el placer. Comencé meterle un poco la cabeza
del pene, su
vagina era estrechita, me relamía pensando en meterla toda, porque
la tengo
más bien gruesa e iba a entrar ajustadita, ella mientras tanto
emitía
grititos de placer y movía sus caderas buscando que la tranca entrara
más.
Cuando ya sentí que de un momento a otro iba a acabar, la tomé
de las
caderas, acomodé la verga y de un impulso la clavé completa.
|
Paola gritó y
comenzó a mover su culo de lado a lado, mientras me hablaba, me decía
mas
fuerte, que caliente se siente, y yo gozando como loco con mi herramienta
clavada, su coño se sentía delicioso, como dije su vagina
era estrecha por
lo que a cada embestida sentía como si me apretaran, pero ella estaba
tan
mojada y excitada que no le dolía en absoluto. Yo la sacaba hasta
el glande
y luego la volvía a meter hasta el fondo, y en un movimiento brusco
que
hizo ella, la verga salió de su refugio. Al volver a meterla, ví
su agujero
del culo completamente mojado y dilatado, estaba tan tentador que no me
resistí y sin siquiera preguntarle, comencé a meterselo por
el culo.
Primero entró la cabeza, sin muchas dificultades, luego el resto
y Paola me
decía que quería más, así que procedí
a envainarle lentamente la verga, su
culito era una sabrosura, apretadito y suave, la sensación era
indescriptible. En medio de la calentura, saqué la tranca de su culo
y se
la metí de nuevo en su coño, bombeé unos minutos y
luego me volví a su
culo, y así alternativamente hasta que Paola tuvo un orgasmo con
gritos y
lágrimas incluidos y eso me excitó tanto que me vine dentro
de su culo y
cuando ella sintió la descarga de semen, me pidió que sacara
la verga, se
acostó de espaldas y como buena pajera que era, siguió con
una masturbación
monumental, se metía los dedos en el coño y en el culo, sacaba
los restos
de semen y los chupaba de sus dedos, hasta que término con otro orgasmo
(o
tal vez era la conclusión del anterior) que la dejó casi desmayada.
Yo
estaba muerto, sentía las piernas como lana, mientras que Paola,
ya
satisfecha, cerró los ojos y se quedó dormida. La cubrí
con una frazada,
fui al baño, me dí una buena ducha y luego me tomé
un whisky. Me sentía de
maravillas, nunca me había follado una mujer tan caliente como Paola,
y
presentía que si llevaba con cuidado la situación, podría
disfrutar muchas
veces más con ella. Me encontraba sumido en esos pensamientos, cuando
sentí
que me llamaba del dormitorio. Me pidió disculpas por haberse quedado
dormida, pero que una follada como la que tuvimos después de años
de no
comerse una verga la dejó totalmente rendida. Le recomendé
tomar un baño,
cosa que hizo de muy buena gana, y luego se vistió y me dijo que
tenía que
marcharse, que por ella se quedaría toda la noche (le dije que no
había
ningún problema) pero sus hijos la esperaban. Se vistió y
cuando salió de
la habitación se veía absolutamente compuesta, como si nada
hubiese pasado.
Le comenté esa situación, y me dijo que el único detalle
eran las bragas, y
levantándose la faldita me mostró que no llevaba nada, porque
estaban muy
mojadas por sus flujos y mi semen. Yo le pedí por favor que me las
dejara
de regalo y se mostró sorprendida. Le expliqué que siempre
fui muy pajero,
y aún después de casado, cuando viajaba o estaba sólo
en casa, me
masturbaba y lo más rico para hacerlo era tener unas braguitas usadas,
se
las sacaba a mi mujer, incluso a una prima de mi mujer que vivió
un tiempo
con nosotros, y me corría una paja oliéndolas hasta que estaba
a punto de
acabar y ahí me sobaba la verga con el calzón y acababa dentro
de el. La
idea le pareció muy buena, pero a la inversa, o sea quizo llevarse
su
calzoncito de encaje con una acabada mía, así que luego que
me prometió que
me traería una de sus braguitas usadas, me pasó la prenda
para que me
hiciera una paja y echara la leche al calzón. Le dije que no tenía
problema, pero que me ayudara, se sonrió y dijo que nunca lo había
hecho
pero que lo intentaría. Le pedí que se mojara las manos con
su saliva, y
así lo hizo, comenzó a pasar su lengua por las palmas hasta
que las llenó
de saliva y luego me agarró la verga, que ya iba rumbo a la rigidez
plena y
ahí, sentado en la cama me hizo una pajita deliciosa, con sus dos
manos
pequeñas me tomaba el tronco y lo sobaba de arriba a abajo. Para
aumentar
la lubricación, mientras masajeaba la verga, escupía delicadamente
en el
glande, y distribuía la saliva a lo largo de mi herramienta. De pronto,
comenzó a pasar delicadamente la lengua por el glande, hasta que
de pronto
se metió mi herramienta en su boca. El chupeteo era delicioso, más
aún
porque tenía el pene un poco adolorido (creo que por la enculada),
y esa
sensación de dolor y placer terminó de calentarme. Me recosté
mientras
Paola seguía con su tratamiento, era increible como se tragaba mi
verga,
sólo quedaban los huevos afuera y por poco, yo me sentía en
la gloria, y
las dos acabadas anteriores permitieron mantenerme un buen rato disfrutando
de la monumental mamada de mi nueva amiga. Cuando sentía venir mi
semen, le
avisé pero no dejó de chupar y acabé en su boca. La
muy zorra tragó un
poco, y el resto de leche que retuvo en su boquita lo escupió en
sus
bragas, junto con los restos de esperma que lamió de mi tranca. A
esas
alturas ya me sentía totalmente rendido, así que me arreglé
la ropa, guardé
la verga y ella me dijo que llamaría un taxi, que no me preocupara
por ir a
dejarla, puesto que es mejor que sus hijos la vieran llegar en taxi y no
en
un auto desconocido. Cuando llegó el auto de alquiler, me besó
en los
labios y me dijo que me llamaría para avisarme una nueva visita,
que sería
muy pronto. Yo le dije que si quería, se quedaba a vivir la semana
que
estaría solo, sonrió y me dijo que le encantaría pero
que no podía. Después
de dos horas, me llamó por teléfono y me dijo que se había
acostado y se
había hecho una rica pajita con sus braguitas encremadas y que, además,
usó
un consolador lubricado con mi semen.
Las visitas de Paola se repitieron, y fueron realmente calientes. Ya
cuando volvió mi mujer, nos encontramos en otros lugares, incluso
una vez
la visité en su departamento, simulando ser un vendedor de seguros
para que
sus hijos no sospecharan. Conversamos largo rato, primero temas banales
y
luego empezamos a subir de tono para terminar hablando exquisitas
cochinadas, ella me decía al oido todo lo que le gustaría
hacer con mi
verga y yo le decía que sacara sus tetas para hacerme una paja
con ellas.
Como la situación era muy incómoda, porque el departamento
es pequeño y sus
hijos oirían facilmente desde sus habitaciones, fuimos a la cocina
y,
calientes como estabamos, nos besamos y rapidamente saque mi miembro,
levante su falda, hice a un lado sus bragas y se lo envainé hasta
el fondo,
para luego comenzar a bombear como loco. Ella estaba muy mojada y sólo
se
escuchaban sus ahogados grititos de placer y el chapoteo que hacía
mi pene
entrando y saliendo de su coñito. Cuando sintió que las
estocadas eran más
profundas y rápidas, me dijo que acabara afuera de su vagina, y
yo alcanzé
a sacar el pene de su conchita y le llené de semen los abundantes
pelitos
de su pubis, sus calzones y también su falda. Fue una corrida fenómenal,
una porque hacía casi tres semanas que no echaba un polvo y otra
porque la
situación de peligro era más excitante.
Bueno, ya les contaré mis otros encuentros con ella. Ah! y también
cuando
conocí a su hija. Esa si que es historia !!!...
|