Jazmin
Cierta noche, Jasmin, una amiga, se quedó en casa después de una pequeña fiesta de unos amigos. Habiamos tomado, y bastante, por lo cual tuvieron que llevarnos.
Nos desnudamos sin pena una a una para ponernos la pijama, nos metimos en la cama y como no teniamo s sueño, pusimos unas películas porno, que yo guardaba en mi cuarto.
Hicimos comentarios sobre la pelicula, y debo añadir, que al menos yo, ya estaba extremadamente excitada. Al terminar la pelicula, apagamos la luz, y nos dimos las buenas noches. Al rato, escuche como ella, bajaba su mano hasta colocarla entre sus pierna. Se estaba masturbando. Me moví hacia su lado y seguí haciendome la dormida. Ella, creia que estaba dormina, y me acarició las pierna tan delicadamente que ardia de placer y deseo. Fue subiendola hasta tocarme por encima de mis braguitas, me estaba excitando tanto, que sentí como empezaban a mojarse, luego se acercó y me besó, yo correspondí al beso, cosa que le sorprendió porque crei que yo seguía dormida.
Perdoname, no sabía que estabas despierta- me dijo inocentemente.
No te preocupes- le respondí al tiempo que tomaba su cara entre mis manos y la besaba deliciosamente. Que beso, era tan suave, tan tierno y ardiente a la vez.
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La empezé a acariciar, sus pechos, su cintura, sus pierna, hasta llegea a su clítoris, que de tanto deseo estaba húmedo. La puse boca abajo, y bajé hasta lamer todo su sexo, suavemente, saboreaba sus jugos y sus labios con mi boca y le ngua. Comenzó a gemir de placer. Le introduje dos dedos dent ro de sí, y los movía de adentro para afuera, sintiendo como pronto tendría su primer orgasmo. Se retorcia de placer, y tomaba mis cabellos con sus suaves dedos. Terminó, pude sentir sus contracciones y su respiración agitada, deseaba darle más placer, pero se levantó, y empezó a hacer lo mismo conmigo. Que rico lamía mi clítoris, nunca había sentido nada igual. Su boca era tan suave, y se movía lento que pronto sen tí como un placer recorría desde mi cabeza a mi sexo, mi cuerpo empezó a sentir grandes contracciónes, y sentía como mis jugos llenaban su cara y seguía lamiendo hasta eliminarlos completamente. Nos besamos, no dijimos nada, era nuestro secreto. Lo disfrutamos tanto que toda la noche, o lo que quedaba de ella, seguimos masturbandonos, besandonos, introduciendo nuestros dedos, terminando con lo que quedaba adentro, sintiendo placer por doquier. Era tan diferente, tan suave, tan delicado y descabellado a la vez. Era el más excitante de los placeres.

Perla

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