Mi tía Alexandra
Cuando todo sucedió, fue en ese viaje de vacaciones. Yo había cumplido recién los 18, y por primera vez iba a visitar la casa de mi tía Alexandra, que no había visto por tres temporadas debido a sus continuos viajes. Al momento de abrir la puerta, quedé paralizada ante lo que veía, mis recuerdos de mi tia Alexandra eran muy diferentes a lo que estaba viendo en frente de mi.

Me miró con sus verdes ojos de arriba hacia abajo, y yo repetí el gesto impresionada por ella. Su pelo rubio, su precioso rostro, sus ojos que parecían desnudarme, no podía dejar de mirarla con fascinacion. "Hola, Paula" dijo sensualmente "pasa, te estaba esperando, pero no pensé que ibas a llegar tan pronto".

Noté que ella tampoco podía dejar de mirarme, y eso me excitó mucho, pero no lo demostré. Ella apenas iba vestida, solo usaba una camisa suelta, semitransparente, sin ropa interior, salvo una diminuta braguita muy ajustada, podía ver algo de sus tetas, pero era mas interesante que estuvieran semiocultas.

Conversamos un rato sobre la familia y algunos recuerdos de épocas pasadas. "Realmente estás muy hermosa" insistíaa a cada instante, por lo que yo pensé, y no equivocadamente que la atracción era mutua.

Comimos algo más tarde, y me llevó al que sería mi cuarto por esas tres semanas. Esa noche, no ocurrió nada, pero al darme las buenas noches, su boca se posó tan cerca de la mía, que creí que iba a estallar. No pude dormir, hasta que me masturbé pensando en ella.

Al día siguiente, desperté muy tarde, pero ella no hizo comentario alguno, sino que todo lo contrario, se mostró tan encantadora como la noche anterior. Esta vez, al levantarme, solo me cubrí con una ajustada polera que hacía que mis formas se notaran en todo su esplendor. Mi tía no dudó en demostrar sus exageradas atenciones sobre mi, ni los continuos roces que me hacía con alguna parte de su cuerpo.

Pero cuando creí que me iba a desvanecer de placer, fue en el preciso instante en que mientras desayunábamos, su pie desnudo comenzó a recorrer mi pierna de arriba a abajo, al mismo tiempo que con su lengua lamia un trozo de fruta que comía.

"¿Tienes novio?" preguntó sin dejar de tocarme. "No, no por ahora" le contesté, "pero espero encontrar a alguien pronto...". Ella sonrió cadenciosamente antes de contestar. "A tu edad yo pensaba lo mismo, pero luego de varias experiencias muy fuertes con varios chicos, me di cuenta que no era todo lo que yo necesitaba, ¿comprendes?".

"No muy claro" le dije haciendome la inocente "¿A que te refieres?". Ella volvió a mirarme con esos sensuales ojos, se puso de pie, y caminó hasta colocarse detrás mío. Comenzó a acariciar mi pelo y mi cuello, y me susurró al oído. "Hay cosas que un hombre no puede lograr en una mujer", y luego salió al jardín, y ante mi sorpresa se quitó la escasa ropa que llevaba, me lanzó un beso, y entró a la piscina de un gran salto.

Ahí pude comprobar que su cuerpo era delicioso, perfecto, sus tetas turgentes y brillosas con el agua que las recorrían, y su culo de igual manera. "¿No quieres nadar?" me dijo desde el medio de la piscina, mostrándome sus perfectas tetas, "No, gracias, quizá más tarde" le contesté, la verdad, ardía en deseos de tocarla y sentirla junto a mi, pero en ese momento, no tuve el valor necesario.

Además, ya había empezado a humedecerme, y no quería que lo notara, aun... Pero ella estaba dispuesta a ser lo mas explícita posible, ya que luego de nadar, salió de la piscina y se acercó directamente a mi, que aun la observaba excitada, pude ver en ese momento todo su cuerpo exhuberante, y noté incluso como era su concha. En verdad era como una fruta dispuesta a ser mordida y saboreada con pasión irrefrenable, y por un momento, creí ver que salía de ella un líquido que quería tener en mi boca.

"Tía...".

"No me llames tía, dime solo Alexandra. Me haces sentir vieja, y no lo soy, ¿cierto?" dijo con su concha cada vez mas cerca de mi rostro. "Por supuesto que no". "¿Crees que soy hermosa? ¿te gusta mi cuerpo?" no supe si contestar con tranquilidad, o lanzarme sobre ella, por suerte, fue ella quien continuo.

"Me gusta mantenerme en forma, así estoy siempre bella para mis amigas... justo esta noche traeré a una de ellas, puedes estar con nosotras si lo deseas". Sin embargo, esa noche simulé dormirme temprano para ver que era lo que hacía Alexandra. No me equivoqué en mis impresiones, esa noche, junto a su morena amiga, pude ver que era una máquina del sexo, sus movimientos perfectos y sensuales hacían que su amiga gimiera de placer. No sé cuantos orgasmos tuvo, pero de seguro fueron como estar en el cielo.

Esa noche, como ya había sido mi costumbre, termine autosatisfaciendome en mi cuarto. Así pasó la primera semana, ella cada noche con una pareja distinta, todas tan calientes como Alexandra, y tan perfectas, y yo, deseosa de unirme a la fiesta, sin atreverme, y viéndola como se me ofrecía al pasearse desnuda frente a mi, y sus continuos toques cada vez mas descarados.

Por fin el sábado antes de almorzar, se acercó a mi, con la poca ropa que le encantaba usar, y sus sensuales movimientos. "Sé que me has estado observando todas estas noches, Paula, y esperaba que fueras mas sincera conmigo, pero...".

"No te entiendo" le dije.

Alexandra se acercó decididamente hacia mi, y comenzó a acariciar mi mejilla "tranquila" iba diciendo "...esto te va a gustar". Se acercó más, y de pronto comenzó a besarme, primero suavemente, luego con mas ardor, hasta que su lengua penetró en mi boca. No pude aguantar mas, y mi respuesta fue identica, nuestras lenguas se mezclaron y nuestros cuerpos estuvieron cada vez mas juntos, hasta que el calor que de nosotras emanaba, se hizo insoportable.

Comencé a tocar su concha húmeda con mi mano, mientras ella presionaba mis tetas con ardor, luego acaricié su culo con fuerza, mientras ella me quitaba la ropa apresuradamente, como no pudiendo esperar.

Yo repetí sus acciones y le quité la escasa ropa que llevaba. Cumplí mis deseos, y bajé hasta sus tetas que comencé a chupar hasta dejarlas relucientes, ella gemía al sentir mi lengua sobre sus erectos pezones. Me abrazó con fuerza, y fue bajando hasta llegar a mi concha. Con su mano derecha acarició mi clítoris, mientras lo lamía con desesperación, y su mano izquierda se movilizo con agilidad, para terminar por introducir su dedo dentro de mi ano, lo que me calentó aún más.

Su lengua hacía un trabajo perfecto, y yo la ayudaba con diminutos movimientos pélvicos, hasta que finalmente Alexandra introdujo todo su dedo en mi ano, y abriendo mis labios vaginales, me penetró con su lengua húmeda, para recibir mis jugos que corrieron por su boca. Terminó su trabajo relamiendo el resto, y yo tuve el mejor orgasmo de mi vida. "¡Grita!" decía excitada "Grita, siente lo que es ser una mujer de verdad" No pude reaccionar mas luego de ese tremendo orgasmo.

Nos besamos una vez mas, y nos quedamos recostadas abrazadas. Aproveché que ella se mantuvo quieta, y tomé la iniciativa esta vez. Comencé por lamer sus piernas de arriba a abajo, mordiéndolas de vez en cuando, y apretándolas con pasión.

"Sigue, sigue" decía ante mis movimientos. Luego continué con su culito, y luego, lo que siempre había deseado, la coloqué con el culo en alto, y abriendo sus nalgas, lamí con fervor su ano lo que la hizo gemir de placer. Estuve haciéndolo por algun rato, hasta estar segura que estaba por acabar. En ese momento, pasé a trabajar sobre su clítoris dándole diminutos mordiscos y lamidas, que agradecia con profundos gemidos.

Metí un dedo en su concha, luego otro, y al final fueron tres. Moví mis dedos en su cálida y húmeda vagina, metiéndolos y sacando, lo más perfectamente posible. Alexandra no dejaba de gemir. El aroma y sabor de su concha hicieron que comenzara nuevamente a humedecerme. Con violencia sacó mi mano de su vagina, y sin dejar de gemir, se la llevó a su boca con ardor, chupando mis dedos absolutamente mojados en sus propios jugos.

Ataqué esta vez con fuerza, y mi boca se llenó del delicioso líquido de su concha cuando dando un gemido como no lo había dado antes, llegó al orgasmo. Quedamos nuevamente extasiadas y exhaustas, así que poco a poco nos quedamos dormidas.

Desde ese día, mis vacaciones las pasó donde Alexandra. Ahí viene ella, saliendo otra vez de la piscina desnuda, acariciando su cuerpo desnudo. Tengo que irme, aún no logro controlarme cuando la veo, y la deseo entre mis piernas.

Paula
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