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Una chica tiene su primera experiencia sexual, en una fiesta conoce a
un chico con el que matiene una relación de sexo oral muy intensa.
Mi prima Lola me invitó a una fiesta que daba por haber finalizado
sus
estudios. Yo era bastante menor que ella, tenía 17 años,
pero con la excusa
de que iba mi prima mis padres me dejaron.
Me fui a su casa temprano para ayudarla a preparar cosas. Al poco rato,
llegaron algunas amigas suyas. Luego, ya oscureciendo, empezó a
llegar
gente. Aquello se puso con buen ambiente, aunque yo empezaba a encontrarme
un poco apartada. De mi edad tan sólo estaba mi primo Pablo que
estaba
tonteando con una compañera de Lola.
Estaba sonando el Cut Your Hair de Pavement cuando lo vi entrar. Llegaba
tarde, con unos libros y no iba muy arreglado, pero me causó impresión.
Cogió una copa y empezó a saludar a gente. Me encapriché
de su sonrisa.
Fui hacia mi prima para preguntarle por él.
Es Lucas, un colega.
¿Qué tal es? - le dije, visiblemente nerviosa.
Buena gente, estuvimos juntos un tiempo. ¿Te gusta?
Bufff! - acerté a decir.
Ven, te lo presento.
Me cogió del brazo y me llevó hasta él.
Lucas, eh! Quiero presentarte a alguien.
Hola Lola, enhorabuena! Estás preciosa, como siempre.
Gracias - dijo ella
Esta es mi prima Marta.
Antes de que me diera cuenta, Lola ya se había marchado y yo me
quedé a
solas con él. Encantado de conocerte, Marta.- dijo mientras me
besaba.
Sentí un escalofrío. Se acercó una amiga que el conocía
y me volví a quedar
fuera. Eso empezaba a no gustarme. Entré al servicio y al salir,
vi que
Lucas recogía sus cosas y se acercaba a mi prima. Yo llegué
antes que él y
convencí a Lola para que me dejase marchar a casa con la excusa
de que me
encontraba mal.
En eso que llegó Lucas. Bueno, Lola, querida, nos llamamos.
Vaya noche la mía - pemsé
Esperando el ascensor, sale Lucas.
Eh! ¿te vas?
Sí - le dije, no me encuentro bien.
Vaya, se lamentó. Te acompaño a casa. No se hable más
- Dijo tajante.
Hablamos de cosas sin importancia, de lo que yo quería estudiar
y eso. Su
voz me excitaba mucho.
Esta es mi casa. - dijo señalando un piso. Ven, voy a dejar estos
libros y
seguimos. De acuerdo, que necesito ir al servicio - me excusé.
En su casa sólo ví papeles, un ordenador encendido tocando
música y latas
de cerveza vacías. Mientras yo estaba en el servicio me gritó.
¿Quieres un café?
Sí! - respondí yo, rápidamente. Salí del
servicio inmediatamente, rebajando
el escote de mi vestido.
Fui a la cocina y lo miré mientras preparaba café y me
hablaba de no sé
qué. Era un tipo normal, de complexión débil aunque
tenía bastante
atractivo. Me moría de verlo, sobre todo su culo y sus piernas,
descubiertas por sus pantalones cortos.
Vente al salón. Puso una taza frente al sofá y otra frente
a una butaca. El
se sentó en el sofá y yo, cogí mi taza y me puse
junto a él, también en el
sofá. Al sentarme, intenté que mi falda se quedara más
arriba de lo normal.
Para ello, recogí una pierna sobre el sofá, dejando la otra
colgando.
Siguió hablando, pero noté que me miraba las tetas y los
muslos. Esto iba
bien!
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Me dijo de avisar a Lola por si se le ocurría llamar a casa preguntando
por
mí. Tienes razón, la llamaré.
El teléfono estaba detrás de él, en una mesita.
Intentó pasármelo, pero se
lo impedí. Sólo el auricular, dije, mientras me acercaba
aún más a él. Me
puse de rodillas en el sofá y me incliné hacia adelante
hasta apoyar una
mano en el reposabrazos, que había junto a él, y marcar
el teléfono con la
otra. Miré hacia abajo y noté que la tenía tiesa.
Empecé a temblar.
Me recogió el pelo, que me estorbaba en la cara y lo puso detrás
de mi
oreja. Gracias - le dije. Se acercó y besó mi mejilla. De
nada, estás
preciosa.
Colgué, pues nadie cogía el teléfono y al girarme
para volver a sentarme le
miré a la cara. Nos miramos y nos besamos. Primero tímidamente.
En la cara,
la frente, los labios... Luego, metió su lengua en mi boca y empezó
a
juguetear con la mía. Estuvimos un poco así. Cogió
mi cabeza entre sus
manos y me tumbó en el sofá mientras seguía besándome.
Yo estaba muy
nerviosa y el debió darse cuenta pues al apoyar mi cabeza en el
sofá me
susurró: tranquíla, relájate y déjate llevar.
Si no quieres, lo dejamos.
Yo respiré profundamente y le atraje a mí, sonriendo. Seguía
besándome el
cuello y comenzó a comerme la oreja. Daba leves mordisquillos y
metía su
lengua en el interior. Yo no dejaba de retorcerme, movimientos que
aprovechábamos para ir subiéndome el vestido. Ya sin él,
empezó a besarme
el cuello y el pecho. Seguí gimiendo cuando me levantó el
sostén y empezó a
chupar mis pezones. Mordisqueaba un pezón y, con su lengua, recorría
el
camino hacia el otro, que mordisqueaba y chupaba.
Estaba tan mojada que me quemaban las bragas, por lo que empujé
su cabeza
con mis manos para guiarla a mi coño. Afortunadamente, no me hizo
caso.
Bajó lentamente por mi vientre, lamiéndolo y mordiendo
mientras me
acariciaba la cabeza y las tetas. Esa lentitud, me excitó aún
más. Ya
abajo, me quitó las bragas y separó las piernas, las recogió
un poco,
doblando mis rodillas y empezó a tocarme el coño con sus
dedos. Me lamía el
ombligo y la zona de la cadera mientras sus dedos hacían círculos
sobre mi
clítoris.
Siguió bajando su lengua hasta mi coño, que empezó
a chupar de arriba
abajo. De vez en cuando, me mordisqueaba, produciéndome un placer
inmenso.
Ya gritaba como loca cuando él comenzó a aumentar el ritmo
y variedad de
sus lengüetazos. Al poco rato, llegué al orgasmo. Una sensación
nunca antes
vivida por mí y que me dejó como flotando. Pasó un
poco de tiempo, que
Lucas empleó en dibujar, con la yema de sus dedos, círculos
sobre mis tetas
y vientre. Se sentó en el sofá, tocando mis pies y yo me
incorporé hasta
apoyar mi cabeza sobre su hombro. Pasó una mano sobre mis hombros
mientras
me acariciaba la cabeza.
Quería chupársela, pero no lo había hecho antes
y me daba algo de corte. Se
lo debo, pensé, y ¡que coño!, me apetece un montón.
Baje mi mano por su
pecho hasta llegar a su polla, totalmente dura. La meneé a través
de los
pantalones, con evidente placer para él. Le desabroché los
pantalones
mientras me inclinaba a por ella. Quitamos sus pantalones y la cogí
entre
mis manos. Inmensa, roja y dura. Empecé a chuparla como había
visto en las
pelis guarras que veía con mi primo Pablo, aunque debí hacerle
daño, a
juzgar por sus movimientos.
Seguí pasándole la lengua y chupando la punta de su enorme
polla un rato
largo. Él, me acariciaba la espalda. Cada vez, caricias más
grandes, hasta
llegar a tocar mi coño. Se recostó metiéndo su cabeza
entre mis piernas. Yo
seguía chupándosela y él empezó a comerme
el clítoris, de nuevo. Iba
aumentando de velocidad, por lo que decidí hacer lo mismo con él.
Me la
metía entera en la boca, cada vez más deprisa. Empezamos
a gemir, como
poseídos. Me giré fuertemente hacia la derecha y caimos
al suelo. No
importó, yo seguí chupando y el mordisqueando mi coño.
Estaba a punto de
correrme cuando me avisó que el se corría ya. Me corrí
y me incorporé. Lamí
mi mano y le ayudé a que eyaculara. Se limpió con unos papeles
y se la
volví a chupar, dos o tres lametones más. Me apoyé
en él, descansando. Pasó
un rato de silencio.
Ha sido mi primera vez - dije.
¿Te ha gustado?, preguntó.
Mucho, ha sido increíble.
Me alegro. Me dijo besándome la mejilla.
Debo irme, dije.
Tienes razón. Se empeñó en acompañarme a
casa. Ya en mi portal, nos
despedimos con un beso.
Hace mucho que no nos vemos. Debería llamarlo.
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